domingo, 16 de agosto de 2015

MARTIRIO DE CENIZA

Imagen cogida de la red




MARTIRIO DE CENIZA




Vos, ceniza, entre el espíritu del viento y la lengua furiosa de la sangre.
Entre la corteza de mis dedos y la boca de fuego de las palabras.
Entre los chiriviscos mordidos de la respiración y el petate oscuro del deseo
que está ahí en el torrencial tejado de la revelación.
En la vacilación del pétalo, el asombro herido de los ojos: me hartas con ese juego múltiple de maniquí; antes, la cresta moribunda de los gallos,
los horcones del estruendo,
los tiliches ciegos de la identidad, el son amniótico de las vocales.
Sos, después de todo, solo este laberinto con gusanos, la ventana
destejida de mis máscaras, o la locura por momentos sabia.
Uno sabe que el fuego atávico es martirio.
En el vendaval descuajado de las ojeras, el devaneo oscuro de los alhelíes,
esta encarnación del alfabeto sin compuerta, los augurios de pronto espejos.
¿Hasta dónde nos arrastran los excesos de la ceniza, Ulyses vicario de ciertas
aguas enmarañadas, los adioses sin cobija del confín?
Uno, cierto, no sabe en qué momento la luz se hace ceniza: alguien intuye
el andrajo, el desapego misterioso de la fuga, la Nada que se aproxima sigilosa
en su carruaje hacia regiones carentes de jerarquía.
Me dueles sin alas, claro, porque me tocan los dedos fúnebres
de la exasperación, la sombra del diluvio a través de las antípodas.
En el lupanar o en el vertedero, recojo la ceniza de los trenes que se marchan.
Al cabo, todo concluye, algunas veces sin reemplazo…
Barataria, 09.VIII.2015

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