miércoles, 12 de agosto de 2015

REBELIÓN DE ESPEJOS

Imagen cogida de la red




REBELIÓN DE ESPEJOS




No hay sofoco sin que se quiebren los espejos, ni espera para manantiales
de espinas. En el sueño marginal de los tejados, se subleva el tiempo: no hay olvido 
para el que resiste al dolor, ni espejo que restañe residuos de sudor.
No hay mundo sin lenguas y sueños enlutados, ni largas semanas de barbas
detrás del papel desteñido del pálpito. Así descubro, por fin,  quién mastica
las sombras en zapatos extraños. Desconozco el itinerario de las osamentas,
y la falta de ortografía del grafiti en las pupilas.
¿Es locura o embriaguez el mercado de pulgas que amanece en los espejos,
o simple aguja de humo que se adentra en los ojos?
No hay rebelión más grande, que la sombra crepuscular saliendo del follaje;
O el dedo de la desdicha en su afán de devorar todas las banderas:
—vos, acaso, gastada en mis centímetros de aliento. Lacerás la cúpula
de la sangre, deshacés las monedas sedientas de mercancías.
En el volumen subvertido de polvo y pañuelos, la herradura del reloj
como una sortija siniestra.
Divididos, allí, en lo impasible de la piedra, el salto al vacío, la geografía
de culantro de los cementerios, el frío y su nata como una gran basílica de hojas
y esqueletos: ante el arma blanca y sus estructuras siniestras, quemo lo inmóvil
que tiene la ropa e impreco a las conciencias…
Pasada la tregua, solo quedan los cadáveres y los nuevos presentimientos.
Barataria, 06.VIII.2015

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