martes, 8 de septiembre de 2015

EL TAMAÑO DE LAS MONEDAS

Imagen cogida de la red




EL TAMAÑO DE LAS MONEDAS




Tras el puño de círculos sobre la mesa, largas trenzas de saliva derramada.
Existe abundancia para naufragar en los deseos.
¿Es acaso un confabulario definitivo, o simple alucinación la libertad de palabra,
la calle arriba del infierno, o esta materia en llamas de las mortajas?
Hay cementerios infatigables donde nadie puede ganar la luz,
ni hacer fortuna de los pasos perdidos de las historia. (O quizá, sí.)
No hay otra ruta para vivir el mundo sin la duda, ni otro siglo de luces,
a todos los mataderos difundidos de siempre, —siempre esas extrañas formas
de la inmundicia y la omnipotencia.
La miseria y la violencia siempre alargan sus piernas de oscuros escapularios.
¿Ocurre igual con la memoria? ¿Varía? —Cada quien, de manera innegable,
transita sobre múltiples albedríos, y los horrores de las cantidades.
Desde el sótano indómito del vómito y el moho, se puede contar la oscuridad
reluciente, la boca de los ceniceros visuales,
las estrellas izadas sobre imanes radioactivos: ha muerto el orden;
 y sin embargo, es perfecto. (Mi madre jamás entendería estos pormenores
del mercado, ni soportaría la pena que nos provocan los oídos sordos.
Mi madre no podría entender tanto muerto desvelándose en las alcantarillas,
ni regresar a la vida, después de la muerte del cuerpo.)
A uno lo miden no según los deseos que se tengan o la fe que uno profese.
En el sillón del zorro, los vagones del absoluto. Así es el juego supremo, lo sé.
Barataria, 31.VIII.2015

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