sábado, 31 de octubre de 2015

CANDIL TRANSITORIO

Imagen cogida de la red




CANDIL TRANSITORIO




Para la noche esta flama intermitente del candil amoratado de la vaguedad.
(Como en mi vieja casa de infancia, el candil siempre como paisaje de tren;
Nadie conoce a los transeúntes que vacilan en medio de los huesos de sus piernas, 
entre los sueños apretados del suburbio.
El candil es ese cristal oscuro, encendido de la vida, la noche franca en mis pupilas, 
el destello transitorio del lugar donde soñamos.)
Hay recuerdos que siempre acaban diluyéndose en el sudor, entre las manos
rendidas, o en la ventana incurable de la noche.
El oficio del tiempo, a menudo sin argumentos, nos da sobresaltos.
Cuando la vida despierta en medio de alcantarillas, uno improvisa recuerdos
rezagados hasta el punto de desnudar los contraluces del propio yo.
Ante el bostezo aprieto el goteo de la histeria.
Nunca sé si los recuerdos o los olvidos son definitivos, si el candil será siempre
mi vecindad, el compañero entonces de mis calladas nostalgias.
De pronto, cada instante se desvanece: allí en la flaca uña del hambre,
nada es fortuito. Todo pasa como la suciedad y su dureza de metal y el frío
insolente de las calles y los vendedores memorables de cachivaches.
El tizne nos imagina finalmente a la noche.
Después se desmoronan los monumentos y la desnudez pálida de los tapiales,
y ese tendón de la mecha de las semanas con su promiscuidad aleatoria.
Aunque todo sea transitorio, la tempestad renueva los aullidos…
Barataria, 21.X.2015

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