martes, 13 de octubre de 2015

LECTURAS

Imagen cogida de la red




LECTURAS




Tiembla el papel y los escalofríos, el silencio de la noche y el sonambulismo,
las diversas estatuas acribilladas por el tiempo, las pulgas, los pies, en un país
de continua metamorfosis y de chanchullos.
En tierra así, no se necesitan aulas: uno aprende lo necesario en la calle;
a la luz del día las lecturas necrológicas de los cirios, la necesidad de escapar
de cualquier sitio, y olvidar toda la oscuridad que ya nos llega hasta el cuello.
Existen por doquier múltiples bocas de actores y actrices: en qué oleaje
deslizamos nuestras esperanzas, en qué rumbo nos muerden los vaticinios,
y estas aceras acorazadas donde gotea el luto y la sal.
Uno no sólo lee los desagües oscuros de los periódicos y la modorra que causa
la tristeza, sino también las gruesas líneas del llanto, las estrofas del degüello,
este abandono al andar las calles. (Los cuerpos compungidos sienten el sigilo
de la muerte, el frío encarnado del sonambulismo, el ijillo que se reparte
como una melodía del tiempo.
Hay hastío, claro, ante la indiferencia: todas las semanas las mismas lecturas
del sobresalto, la ceniza sin posibilidades de armisticios, el suicidio
con sus diferentes recintos y caballerías.)
Cada día que pasa el infortunio nos acecha y nos desafía con su voracidad
siniestra; cada calle tiene dientes mortales, y olfato y raíces: luego, es imposible
salir ileso, es decir, gritar en mortaja frente a usted que eyacula en vehículos
polarizados, y goza con el terror y el zarpazo y el miedo de los demás.
Muchas de las sombras que usted no ve, tienen un nombre, aunque la oscuridad
vacíe a propósito sus identidades indefinidamente…
Barataria, 05.X.2015

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