lunes, 19 de octubre de 2015

OJOS FRÍOS

Imagen cogida de la red




OJOS FRÍOS




“…Todas las aguas van a los ojos fríos del tiempo”, a esos cuerpos amargos
que explotan de desesperanza; debajo de la flor fúnebre de las lámparas,
la desnudez que rueda estrangulada de ropas.
Mientras la zarza se anticipa a la sed, el corazón vasto de la noche: todo aquí,
el tatuaje despiadado de las humedades colgado del tabanco, la hora repentina
en los vacíos, las vísceras precedidas de la ignominia.
En el sollozo negro de las entrañas abajo, corren las bestias y los pájaros
del abandono como dramáticos débitos: uno amanece en la vendimia de la nada
sin más símbolos frente a los ojos, que la bestia del estiércol en los sentidos.
Pesan las marcas oscuras del aliento sobre el pecho; ahí, las cortinas de humo
congeladas en las ventanas, las distancias entre luciérnagas y relámpagos,
los andamios para subir al mercado (siempre esponjoso de papeles sucios
y verduras llovidas y palabras que huelen a gentío);
pero en el murmullo de los techos, escarba el musgo su camino. Golpea paredes.
Emigran las historias mutuas desde las miradas envejecidas de la salmuera.
Emigran los pájaros y su cosecha de sombreros: el fuego arrea la tormenta.
En la promiscuidad de la tristeza y la desesperanza, el horizonte se arrodilla
en el sollozo para mientras es definitivo el destrozo.
Este tiempo es imponente como un caballo sin domar: florean los ataúdes igual
a una epopeya cotidiana; se abre la resonancia de muchas polifonías,
—entre ellas—, la elocuencia de los huesos y sus axiomas clericales.
Hay frío en los ojos y también lenguajes sordos a la orilla de la niebla…
Barataria, 2015

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