domingo, 29 de noviembre de 2015

ADEMÁS DE UNA PIEDRA, EL VIENTO…

Imagen cogida de la red




ADEMÁS DE UNA PIEDRA, EL VIENTO…




Además de las insomnes piedras de la travesía, el viento, un blues de fuga
y tabaco y aguardiente: en las bodegas del reverbero, la madera
y sus velámenes, la desnuda belleza del sudor en los ijares. Fluye la geometría
gangosa de una guitarra, mientras el abandono nos personifica, o ahoga
en su gris sonámbulo de máscara.
Uno renuncia a ciertas estaciones, al paisaje simulado de la servidumbre.
(Vos, caminando en las orillas de East river road, o en Almond Orchard,
debajo de esa sombrilla de blancas poluciones.
Siempre estas calles, anchas e inmensas, me provocan ojeras, quizá porque
deforman los sueños propios, el paraguas doméstico, o el cuarto de bahareque
desde el cual vemos a las estrellas de  Victoria's Secret.)
Nada vale la pena salvo el olvido, los hospicios o los rituales del bautismo.
Siempre es así de implacable la silla del poder.
Nunca dejan de sucederse las noches y los sofismas y los estratagemas.
Ahora tenemos una geografía con problemas ortopédicos.
—Ve los bisturíes y las hostias juntas, los portarretratos sin afeites, los duelos
viscosos de las orquídeas, o simplemente el extravío como el adulterio.
Junto a los tantos recuerdos, la gota orgásmica de la muerte y su inventario
de fosas comunes o estaciones.
De la piedra, el cuenco que queda en las sienes como irremediable tatuaje.
Del viento, el catecismo de las pulsaciones  y los cuatro costados de la entraña.
Barataria, 19.XI.2015

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