domingo, 1 de noviembre de 2015

BRASA DEL DESAMPARO

Imagen cogida de la red




BRASA DEL DESAMPARO




A veces es inimaginable la brasa del desamparo arrastrando sombras
sobre el petate que el follaje ha construido de hojas y fatigas. El abandono
se adentra en la cavidad de los poros,
jadea sobre el aliento ennegrecido del musgo, aquí uno aprende a dialogar
con el letargo, con la melancolía de sal de la aridez: conozco de los meses,
los cipreses caídos, y la tardía hojarasca de los eucaliptos.
Uno aprende a sobrellevar y a sobrevivir todas las fotografías de la zozobra;
al rato el infinito se hunde en la penumbra,
crece el sendero yerto de las azoteas, los candiles muerden los peldaños
de cada losa, o el oxidado pájaro de la herrumbre, o el pie sufriente de cornisas,
o las estaciones que jamás se destiñeron en la piel.
Esta brasa jamás deja de ser diadema en la bruma, a veces extraño yute
en el aliento, o simple maleza en las manos del moho. (Como ese gris de adobes,
las altas rodillas de los muros y el memorable amargor de las mortajas;
ya he visto huesos y también, estaciones desgastadas y en declive,
y ecos del árbol caduco que atraviesa la garganta.)
Uno sabe que algunos con un par de monedas reparan la nostalgia.
Uno también sabe que se vive, —muy a menudo—, toda una vida humillado
de prontuarios y protocolos, excepto el mercado y lo impúdico.
Uno sabe que el desamparo aúlla como un largo brebaje de yerbas malignas.
Esta época tiene toda la domesticidad de los cementerios…
Barataria, 23.X.2015

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