sábado, 14 de noviembre de 2015

DISTANCIAS GRISES

Imagen cogida de la red




DISTANCIAS GRISES




El viaje nos arrima a ese tránsito de antigüedades; grises distancias en estuches
de neblina. Fríos ataúdes nos desnudan las sienes: la madera abierta, a este
trajín,  junta clavo y óxido, ahogos y torbellinos.
Algunas gentes, desprovistas de miedos, atraviesan la calle.
Candelabros de cinc dejan cicatrices en el aliento: la realidad que hoy vivimos
nos persigue y muerde tal una tormenta de musgo o estiércol.
Los relojes como centellas en la noche, carcomen cada uno de los pensamientos.
Muchos nos arrimamos a las paredes corroídas de la esperanza.
A lo largo de las ojeras, el ojal que dejan las piedras y puertas derribadas;
esta tierra tomada sin cántaros, ni roperos.
(Las cortinas y sus residuos de desnudez en la idiosincrasia del lavatorio.)
Cierto. Aquellas cabezas cortadas en los albañales son extrañas.
Las estampas de los santos y el río de ruda embotellado, la visión adelantada
de los sordomudos, chiriviscos y barro desde la garganta hasta los pies.
Atravesamos esta sequía sin más aperos que la propia herida, sin más divisa,
salvo la ráfaga del suspiro sobre la niebla.
La ferocidad de la ceniza es inmensa.
Silba la sal que se desvanece en la cara, el gemido de alguna estación.
A golpe de zapatos pareciera que ya nos hemos gastado todas las distancias.
¿Cuántos pilares quedan firmes aquí? ¿Cuántos pedacitos habremos de juntar
para armar de nuevo el día y el azúcar? —(Es extraño un país sin alas.)
Barataria, 05.XI.2015

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