lunes, 7 de diciembre de 2015

ÁSPERAS MIGRACIONES

Imagen cogida de la red




ÁSPERAS MIGRACIONES




A Elisabeta Botan, poeta, traductora, amiga.


En las escaleras del reverbero, las ásperas migraciones de los fantasmas, mientras 
la historia arrastra candelabros. Nadie está ileso de esta porfía
de la breña, d la furia, el moho, la lascivia y sus verdugos.
Nunca fue para nosotros el sosiego, sino el suicidio, la sombra errante,
la semilla inasible: sobre nuestras pupilas las fachadas del alba y el cierzo;
lejos, lejos la luz y el pulso de las ventanas.
Siempre los minutos llegan tardíos a nuestras manos; en guacaladas,
todos los desertores, la aldaba corroída de los ojos, el paraíso apocalíptico.
Retornó la noche junto a la voz de las telarañas, la noche ya cerrada
en sueños verdes: es terrible el polvo que levanta la hojarasca, la piedra
de fuego que nos abre la espalda, y el diente arrebatado.
Se nos perdió la linterna, entre mujeres y niños y ancianos, la furia es mayor
cuando se incinera la intemperie y todo estalla al filo de la fetidez.
No existe milagro cuando la esquirla se pudre en la carne, cuando la grieta
corroe y no hay trenes que alivien el viaje.
Duele el país insaciable de nudos, duelen los rieles desplomados del rocío,
duele el ojo ante los charcos de la depredación, duele la violencia.
Crepita el huracán sin ningún desenlace y el diluvio del guijarro. (Fulgura
el crimen y deja las sábanas vacías, deshechos los zapatos. Siempre es extraño
un tren mutilado, los hospedajes oscuros como sarcófagos,
el beso interrumpido mientras anónimamente se incineran cadáveres.)
Llegada la noche siempre respiro lo inaudito. Nunca hay horario. Nunca.
Salvo el camino y la salmuera de los epílogos…
Barataria, 27.XI.2015

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