sábado, 5 de diciembre de 2015

CLARIDAD ENTRE PIEDRAS

Imagen cogida de la red




CLARIDAD ENTRE PIEDRAS



A Anca Tanase, poeta, traductora, amiga.



Roja la inocencia, las infancias que me gritan desde la geografía de la tristeza:
discurre la ciudad marcada por el tiempo, vacíos los diversos lenguajes
de la melancolía, las sílabas ennegrecidas de desnudez, el espejo empañado
por la lluvia y los embarcaderos que se hunden en la lejanía.
Hoy sólo sé del nudo de aguas estancadas en la memoria.
El umbral dejó de ser asombro para convertirse en atril de mucha perversidad.
—Hazte, claridad, mínima luz para toda esta garganta de sombras;
prologa, al menos, estos insomnes pájaros para que los goznes no derriben
este cuerpo que no se niega al braceo.
Como hiedra, este tiempo, no el soñado. Sube la túnica de su espiral
hasta dentro de los ojos verticales del rocío. Después de los primeros años,
uno va abriendo los brazos al otoño, a cierta tierra que no será extraña
al cuerpo, cuando llegue el momento de los inventarios o del ave de rapiña.
Algunas veces me limito a poner los ojos sobre las ventanas (a menudo me niego
 a la zozobra, a ser rehén junto a las enredaderas de medianoche, por desgracia
no existe el reposo ni es pétrea la alegría.)
En el ardor de la rosa, la sed es polvo; relincha la hoguera desgreñada
de la lluvia y sus pezuñas de catástrofe. Vino el vómito y pronto fue caos
la garganta.  Pienso, después de todo, en la travesía de las palabras
a través de las axilas, —el ave jubilosa de la claridad hace cálida la sintaxis
de las pupilas, ese otro territorio del vigía, el asombro y su ovillo.
A tus pies, toda mi niñez desprovista de mesa con su lenguaje nocturno…
Barataria, 25.XI.2015

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