martes, 1 de diciembre de 2015

MEDIANOCHE DEL SUPLICIO

Imagen cogida de la red




MEDIANOCHE DEL SUPLICIO


A doña Rossana Arellano, poeta amiga.



Nos cansa la espera de los días con candil: en todas direcciones el mapamundi
de las grietas, el hollín de la inseguridad que nos golpea con sus dientes,
el pasamontañas hecho coágulo en las pupilas.
Derribada la alegría, sólo las manos del humo y su torrente de ráfaga, cópula
sobre el riel del sollozo o las fisuras de los huesos.
La medianoche abre los huecos del hormiguero y saja los fríos mausoleos,
donde los fonógrafos y los melles no tienen sentido. (El escombro embriaga
en su náusea; también el brebaje hecho de tantos y tantos cartílagos.
Uno espera que la noche no sea siempre la valija de viaje.
Uno espera que por fin desaparezcan los gemidos, el río sin vado de los dientes,
o al menos que nos acerquen a la noción del bien y el mal.)
Uno espera entre las telarañas de la respiración, encontrar otros ojos vivos
y no sólo memoria; este paisaje hundido no puede ser siempre la Nada.
Uno espera encontrar escaleras en el sueño. (Quizá una trenza de ruda para
las plegarias),  o un salvoconducto inaplazable.
Allí, en las paredes náufragas de las campánulas, la voz escurridiza
de lo inverosímil con su tapicería de desatinos. Parpadea el ajetreo
de las colillas, la veranera de sangre, sutil, entre espinas: en cada esquina
de adoquines, las pequeñas fisuras de los encajes, la rosa imaginaria del vilano.
En el alero que deja el escalofrío, la brasa de las bisagras o el arbusto
del sonambulismo al trasluz de tantas hipótesis y teorías…
Barataria, 21.XI.2015

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