miércoles, 29 de abril de 2015

MORTAJA NEGRA

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MORTAJA NEGRA




We who were living are now dying
With a Little patience
T.S. Eliot




Oscura la disonancia del féretro y su sombra. Negra la luz del contrapunto.
Siempre hay miedos en esta desnudez errante del tiempo.
En el aliento baldío de las palabras, drenan los gusanos el yo profundo.
Reincide la piedra en el pecho como una estación con telarañas adustas.
Cuando la tela se apropia de los pronombres, emerge el vaho del desfiladero.
No hay más que agregar, a fin de cuentas, salvo hurgar en la materia impura.
No hay alelíes en el lenguaje del miedo, ni en la sal que redime,
sino voces que aguzan los sentidos.
Hay sólo el brazo nupcial de la madera con la muerte.
(Pesa tanto el alma que no se puede sostener en el taburete de la tierra;
siempre es cruel cruzar el río con migajas en la boca, hondas, pedregosas,
la bruma sobre la mesa, el asma del silencio golpeando el fondo del último estertor. 
Aun, la entraña busca la luz.)
Después, supongo que ya no vendrá otra muerte a velar mis palabras.
No habrá otra arcilla demencial en la pudrición de los albores.
No habrá otra hoguera después de arder en la lección ciega de los cirios.
Barataria, 22.IV.2015

lunes, 27 de abril de 2015

ALBA DE ATAÚDES

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ALBA DE ATAÚDES




Sobre las sienes pasa el filo de los ataúdes y esa cobija gris abandonada en los poros. En la niebla de la estación final, el alba de los recuerdos, las palabras solas en el silencio de la madera, o en el grito callado del yo profundo. En el duelo del espejo, estos ahogos que muerden la memoria. Las aguas encabritadas de la piedra, la plaga de los cirios como un trofeo de vástagos oscuros. No hay modo de huir de este circo de ataúdes. Una vez callada la respiración, otras entidades encuentran su guarida. Donde antes se podía leer la claridad, ahora es oscuro el espejo de la clarividencia. Entre falsos espejos, la edad rotunda…
Barataria, 21.IV.2015

sábado, 25 de abril de 2015

RAMAS MUERTAS

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RAMAS MUERTAS




En las fechas secas del pájaro muerto, las ramas marchitas de muchos nombres.
Supongo que siempre es así cuando el reloj se ha llenado de fantasmas;
qué importan todas las cicatrices que deja el crepúsculo: es lo mismo cuando
los ataúdes, todos, son recuerdo y en el bolsillo no cabe la claridad.
Desde siempre aquellos ojos amargos del zoológico. Y esta mierda de hundir
los zapatos en la rama seca del horóscopo.
Cada día nos golpea la muerte y el atraco. (En realidad yo no quiero hablar
de esto; pero quién puede eludir esta zozobra que producen los criminales,
quién puede vomitar las noticias de los periódicos, levantarse con paredes limpias,
siempre hay alguien al acecho como las moscas.)
Hay niños colgando de horizontes ciegos.
Sobre el paraguas negro del cielo, solo veo las ramas muertas de la risa.
Un ciego no necesita de más piedras, ni de pertrechos ni de banderas.
Hay ventanas de asco, cuerpos de asco, carpinterías de asco, verdugos de asco,
y nadie se inmuta cuando hacen falta hospitales.
Nadie se inmuta cuando el silencio hincha sus sombras de mudo engañoso.
Mientras escribo pensando en palabras largas, relincha la oscuridad debajo
de mis axilas: uno quisiera mudar la ternura y quitarle lo podrido a los pájaros.
Uno quisiera caminar sin escuchar tantas noticias nefastas.
A veces es solo un juego sucio el estrépito de la rama desprendida.
En el candil de la historia, el tizne taladra las pupilas de todos.
Barataria, 19.IV.2015

jueves, 23 de abril de 2015

SIEMPRE EL TIEMPO

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SIEMPRE EL TIEMPO




El tiempo otra vez en la carpintería de mi aliento: desciende como una mosca
sobre las paredes, viernes ciego sobre ventanas de ceniza, el pecho se ahoga
en los bolsillos del murmullo.
Entre tantos periódicos viejos y estos vientos suicidas, son solitarios
los muelles que golpean con estrépito mis ojos, es inválida la boina del sopor
que el viento agita en las rendijas de los amarillos.
(A menudo camino ciego como mi cuerpo desnudo; las calles no dejan de ser
un sótano con pistolas o cuchillos, crecen en todas partes los cuervos,
son prolijos como la noche que hincha mi pecho, como los caballos del sollozo
en la cara de los mendigos. Nadie camina después de todo golpeando
sus zapatos viejos sobre el asfalto.)
Hay risa de huesos que rompe los tejados y ciénagas sobre la sombra humana.
Hay templos en todas partes pero no le dan cabida al rocío.
Ignoro si los muñones del calendario tienen bitácora para la esperanza.
Hablamos de claridades en medio de colillas: uno ve los mapas y están llenos
de tatuajes y de amargas talabarterías;
la claridad de las palabras posee el sabor nauseabundo de los prostíbulos.
Supongo que es natural convivir con la miseria, en el zumbido de las matracas
que cacarean un tiempo que no es el de uno. El tiempo está cojo de cántaros;
las semanas mudan de chirridos: pese a tantas acechanzas,
aun pienso en el gran día donde ya no se descubran esqueletos…
Barataria, 17.IV.2015

martes, 21 de abril de 2015

DEVASTADA ESPERANZA

Imagen cogida de película “La carretera/ The road”.




DEVASTADA ESPERANZA




Hurgo en los cementerios de mi pecho, todo el éxtasis prohibido de la muerte. 
Hay tantas fisuras como devastadas esperanzas a la orden del día.
¿Quién junta, después de todo, los pedazos de lenguaje de la noche, la desnudez
del pan de las semanas? ¿Quién con indecibles grises y pájaros degollados?
Cada palabra es un hueso hundido en mi pecho.
Cada puerta es un drama donde hace falta la ternura.
En cada paladar la irrealidad de los dioramas, los espectros amarillos del viento
y sus consortes, los jardines circuncidados por los cirios.
En una frase, en una sola, la analogía de los monólogos: es así la sombra
singular de las estatuas, la bruma que nos suicida con sus grises.
(Después de todo, los atrios y las promesas son colmillos para triturar relojes.
Después de todo, el moho cava en los mausoleos y en la memoria.
Hay cientos de cuervos que atisban las ventanas, los poros de mi cuerpo,
la bacinica donde habita otro mundo. La muerte del amor en la herida.)
Desde dentro, los dientes del desconsuelo, el hollín del pájaro de las visiones.
¿Qué le queda al sueño después de hundirse en los guantes de la noche,
en el ojo nefasto de la jaula? ¿Qué del día que cambia de máscara?
Los estragos del aliento, alcanzan toda la asfixia que deja la ceniza.
Cerrada la claridad, la herida, sin embargo, queda abierta.
Cada hoja caduca impulsa los troncos devastados de la saliva.
Todo escapa de los días, salvo los gusanos de la fatalidad; salvo la uña despiadada 
de la deshora y el polvo de las cornisas que lame como perro.
Alrededor de la atarraya del calendario, el asco con su hocico de alfileres.
Barataria, 15.IV.2015

domingo, 19 de abril de 2015

ARQUITECTURA DEL ESPEJO

Imagen cogida de moretticulturaeros.com.ar





ARQUITECTURA DEL ESPEJO




En el laberinto desleído del ombligo, todo el delirio del mundo en la cercanía.
Gira sobre el espejo la gota dulce del suspiro: gira el sinfín alrededor
de su contorno, vuela el secreto metal del trébol.
Después de ahuecar la hoja del aliento, la boca y su memoria salina.
La piel deslía el mimbre del aire (la desnudez arqueada se enreda en el aire.) 
Encalla el semen como una pluma.
Giran en el eco del pez los silogismos, la curva impulsada por el espejo sumergido, segado el juego del caracol sobre el musgo.
—Luego el suave olor del pájaro sobre tus muslos, el blando litoral de las aguas
Junto al cristal del cuerpo.
A contraluz las sombrillas de los espejos, la sedición siempre inédita
en los ojos, la memoria que gira en la arcilla del cuerpo.
Cada estallido es irrepetible. Lo sé después de conocer el acantilado seducido.
Lo sé en medio de la luz desvaída que cuelga de los párpados.
En la redondez del ombligo, nunca me rehúso a los velámenes…
Nunca falta en la almohada, el viaje inédito de la claridad y sus vilanos.
Barataria, 13.IV.2015

viernes, 17 de abril de 2015

MADERA PODRIDA

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MADERA PODRIDA




En el amanecer innumerable del alba, el puente colgante de los párpados
y esas otras mendicidades que florecen en las aceras. Y ese rescoldo de alegrías
fenecidas: despierta en la muralla del tiempo la madera podrida del aliento,
las palabras obscenas del sueño o los miedos,
la fuga del eco de los huesos,
el imposible rostro regado en el surco. (¿Hacia dónde van con obstinación
los pedazos de la noche, y ese juego de insospechadas aldabas?
Jamás he podido entender los juegos sucios del poder, el eco de la chicharra
fustigando los sentidos, la semilla ardida sobre el granito.
En la rama muerta se extravían las calles amarillas del pánico.)
En medio de las siete plagas del desastre, el vinagre ahoga cualquier atisbo
de claridad; después, —entre señales y señales—, el viaje inhóspito
de las anclas, los días de asueto enrarecidos.
Remontando lo maduro de la madera, el viento remueve la polilla de las manos,
flotan las imprecaciones, el aullido quemado del desencanto.
El país es sordo en lo alto del suspiro.
Espero no entrar a los sueños macabros de la deshora, ni al Gólgota enlutado.
Ahora es torpe el árbol cubierto de niebla; sentida la espina.
Desconocida la almohada y la lluvia de telarañas en los periódicos, es fácil
morder los condones que cuelgan de sombreros siniestros.
En el discurso de los relámpagos, todos los manuscritos rotos de los bolsillos.
(Quizá un día me enamore del paraguas de hollín que cubre la sombra de mi patria.
 Quizá un día después de cantar y reír.)
Barataria, 11.IV.2015

miércoles, 15 de abril de 2015

PERPLEJIDAD CRECIENTE

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PERPLEJIDAD CRECIENTE




(Siempre es extraña la palpitación de la entraña en los ojos insondables
de la duda: nada está resuelto en las esquinas del grito, ni en la tibieza de un reloj 
enfermo, ni en la camisa de fuerza de la noche adolorida.)
Es frecuente el anhelo de descifrar las arqueologías de los ojos olvidados
de los muertos; acaso, porque el cansancio se robó todas las ternuras.
¿Hasta dónde gira el sinfín de la sed?
A través de los discursos crece la sorpresa, ese sabor a un puñado de espuma.
Irresuelta la angustia, los días muerden la exasperación, las palabras esparcidas
como las hojas caducas de las escamas. Lo disforme es una aguja oscura.
Sobre la armadura de las sienes no caben los raciocinios;
sino el ahora mugiendo de calles,
el perro ciego que lame sus extremidades frente a la luz.
¿Cuántas confusiones debe soportar la castración y la sombra descomunal
de las vísceras? —Uno, de pronto, no sabe hacia dónde desviar el sofoco,
o encontrar la brecha abierta, sin diluvios.
Uno no sabe qué hacer con tantos remordimientos: el vía crucis diario tiene
sus propias estaciones de tortura. (Lo sabe la fiebre del tiempo.)
Cada paso cae en la cárcava de lo sanguinario.
Con tales presentes, uno no necesita de más catástrofes, ni de constelaciones
efímeras, ni de atajos. Imágenes desvanecidas nos vigilan con estoicismo.
Barataria, 09.IV.2015

lunes, 13 de abril de 2015

TRAVESÍA INTERIOR

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TRAVESÍA INTERIOR




A veces en la travesía interior, los juegos o las telarañas juegan en su escondite.
Las ventanas exhalan ateridos costados, eternidades, ojos, bocas.
—Vos, no has visto la claridad que ojea el crepúsculo con voracidad de buitre; 
tampoco el puñal de fuego que atraviesa ciego, el pecho de las bóvedas desnudas, 
ni los latidos, cada vez penitentes como ese punzón de la tarde.
(En el interior, la palabra es viaje y silencio, respiración de pabilos;
innumerables los zapatos que arden en el pájaro de la gota que amilana paredes 
y poleas. Los fósforos tabletean la armazón del cuerpo, las vigas del pecho 
y la carcoma que existe en el tintero.
Voy como van las sombras cernidas por la tormenta.)
Este cuerpo y su bocanada de penumbra revive los puentes colgantes
de las ramas, los agujeros que dejan en el bolsillo las uñas, la fotografía
horizontal del azogue trascendido. (Siempre me quemo en el frío del camino);
un puchito de luz, desoculta los rostros extraños,
los pálpitos derramados en el ombligo.
A veces me tumban todos los olores de las lluvias fenecidas: suda el cuerpo
sobre la descampada lejanía de la desnudez. Es ciego el torrente del umbral
en el cuenco de mis manos, el tren de la ceniza que relincha,
las crines del humo que siempre atraviesan mi cara.
Ante la acuosidad de los pañuelos, el cuerpo asido del tiempo profético.
Barataria, 07.IV.2015

sábado, 11 de abril de 2015

RESONANCIA DEL ALBA

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RESONANCIA DEL ALBA




Es verdad esta suerte de eco inminente al amanecer: el tiempo solapado,
fugaz como la cobija de la nube en los párpados. En los muros altos
de la transparencia, los sueños  todos diluidos del espejismo. Después de todo,
la gente tira su retrato a la calle y las aceras lamen los retretes,
los vestidos, las estrellas fugaces de las palabras.
Uno ya no se extraña del día D de los despojos, ni que le den atol con el dedo
En el pocillo sordo de la angustia. Para muchos la atmósfera
es astronáutica, o un simple toma de cabello.
(Para halar la carreta no se necesitan cojos, ni pájaros de humo en medio
del rocío, ni ciegos cubiertos de dolor o de confeti.
Debajo de la almohada se desmoronan todas las figurillas de barro.
Sin duda es maravilloso el azul de la ternura y los cuerpos sin garganta, sin voz.)
Es maravilloso el almácigo de huesos y agujas y candelabros y esos grises
de nublado silencio chirriando en las esquinas.
Desde el fondo de estas insólitas conciencias, engordan las sociopatías
de la sombra: es extraño, sorprendente, raro, misterioso,
bajar a los propios sueños y saludar al tiempo con alas patéticas.
Uno nunca sabe qué hay al otro lado de la utopía, si ya los rencores desaparecieron,
 si podemos atravesar la calle con una son risa, si atreverse
ya no es extraño ni constituye delito.
Yo veo, todavía, ventanas con agujeros seminales por todos lados.
Desde luego, cansan los presentimientos que provoca el miedo…
Barataria, 05.IV.2015

jueves, 9 de abril de 2015

NATALICIOS ROTOS

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NATALICIOS ROTOS




Los cántaros se quiebran en los velámenes del rocío. Humea la sombra
en el barco del pecho, suena el haz de la lágrima en el espejismo de las calles.
Heredamos los chuchos flacos en la desventura de la garganta.
Venimos de enterrar muertos a enterrar muertos: grises agujas gritan
en las sienes, almácigos crecientes en su larga espera.
(Los candelabros nublan los escapularios, ¿quién toca las caricias invisibles
del aliento, la puerta atardecida de heridas?
En cada natalicio, las estrofas del polvo, el hollín, el tizne, los ritos desnudos
del agujero, los metales del sobresalto y el filo, la gota oscura de los ojos.)
En el día roto de puertas y zumbidos, las infancias rotas y el miedo cotidiano.
Por este tiempo de jadeos y fiebre, merodean las telarañas y las moscas.
Esto es así, en un país de lejanas ventanas;
alguien no existe, salvo en las estadísticas de Medicina legal,
alguien sólo juega a retratar las paredes, y le pone gotas de esperanza
a las paredes, al horizonte, a los ojos, a las alambradas.
En el tren decapitado de los ojos, avanza la hora ensangrentada de cuerpos
y aleteos: ¿sirve, después de todo, para algo la memoria? Acabamos siempre
en el remedo: la muerte es perceptible en el agua de los grifos.
Nacemos ya dentro del cántaro vacío de la indiferencia. Seguimos deshabitados
de lo imposible: gime el niño, cada niño que juega y le parpadea al horizonte.
—Alrededor, mira, la bestialidad y la llovizna de la muerte…
Barataria, 03.IV.2015

martes, 7 de abril de 2015

TRANSPARENCIA ROTA

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TRANSPARENCIA ROTA




Roto el velamen del rostro, el cierzo desoído por las pupilas, los fragmentos
de sal, allí, en el pañuelo. (Duelen los arpones que penetran las entrañas),
y esta pérdida de nombres en los litorales.
¿De qué musgo se han inmovilizado las aguas? ¿De qué arrecifes de espuma
incesante este cuerpo de caracol olvidado? Aúlla el blanco deshabitado
sobre las paredes, calla el blanco imposible en el rostro.
En el pequeño rincón del ave solitaria, parpadea el sexo roto de la sombra
y sus destrucciones. (La muerte alcanza la memoria, heridos los ojos de tanto
cuerpo, de tanta mañana con árboles de ceniza.
Ni vos, ni yo, somos inmunes a los días fríos del sueño, a la paciencia rota
de la eternidad, a este hielo de lejana madre. A estos amarillos que patinan
en el espejo del ansia.)
Hoy, nos duelen todos los días, como perros de una funeraria oscura.
El calendario en el reverso de la llovizna, y los objetos en el techo sin pájaros.
Contra el tintero arrecian las semanas y este ayer, y este hoy, y este mañana
sin trenes, ni barcos. Y este largo pantalón de mendigo.
Me duele la ternura al desamparo en las aceras. Me duelen los pies del humo
que revolotean muertos de huesos. Duele mañana naciendo.
Así siento el poro roto de la transparencia y sus muchas cicatrices de gatos.
¿Sobrevivirán, acaso, los juguetes? ¿Persistirá el grito ronco de las paredes
de los atrios? —En tanto cruzo semáforos, la noche y el cadáver del humo.
Barataria, 01.IV.2015

domingo, 5 de abril de 2015

PONZOÑAS

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PONZOÑAS




En la insidia de los espejos, la saliva tóxica sobre el estercolero de las calles;
rotos los drenajes de la ropa, la demencia amanece ardida en sombras.
Ningún abrevadero es inocuo ante las abiertas esquinas del degüello. Nadie.
Ningún cristal es transparente por completo: lo dicen el ojo y los dientes
ante la amenaza y el gruñido fiero de la historia.
Ninguna herida se cura masticando cielos, invocando santos y escapularios.
(Hay almas todos los días al filo del hambre como las inmundicias del fin
del mundo; en el rocío también es interminable la materia descompuesta.
¿Quién tiene la autoridad para deshacer el oprobio y la intriga y el drama quejoso 
de las tumbas? ¿Quién sobrevive a sus sueños?)
Ante la doctrina incierta de las tormentas, los balcones como puñado de ceniza.
Cada quien juega, sin saberlo, al mercado y al ahogo de estas viejas semanas.
En el camino la pupila con su candil de historias: ella es camino.
Las aguas irrespirables nos devoran; el falso conjuro de la paz nos asfixia.
Todo es tan vacío como el guacal de la mesa del pobre.
Aquellas dádivas sólo fueron ataduras, otro infierno mortecino.
Yo hace tiempos morí en esta expiación: y pagué con otros infiernos, y pagué
hastiado de polvo y saliva y de mendicidad sin ninguna moneda.
¿Quién evoluciona en el áspero disfraz de este tiempo?
—Ante el espejo, la soga alrededor de la garganta. Ya hay cansancio…
Barataria, 30.III.2015