lunes, 29 de junio de 2015

MEMORIA

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MEMORIA




Desde la pila bautismal la fantasía del agua bendita, los recuerdos, después
de todo, en las pupilas: solo es posible ver las distancias que se miran
desde la alta desnudez de la tormenta.
A uno, de pronto, se le escapa la luz de los sentidos, —quedan al margen
los cansancios, las escrituras quemadas del aliento, los mausoleos como cicatriz
en el entrecejo de estas confluencias que arrastran los paraguas;
en mi orfandad fui hecho para recordar las alambradas de la queja.
(La vida es una antigua querencia que no siempre nos lleva por el camino recto; 
sobre esta certidumbre, se condenan o absuelven tantos nombres.
Por si acaso, apuro el andado no sin recordar los puentes oxidados donde estuve
hasta el día en que cambió el sentido de mi vida.
Y entonces el sonido insistente de la noche con sus comensales atroces.
Recuerdo los matorrales y esa oscura hambre de los azadones.
Era mayo y la vena abierta de los espejos y las osamentas de las colillas.
Desde lo remoto del subsuelo, el alma avanza en su quemadura:
todo es eternamente memoria, aunque unos acaben muriendo sin nombrarte;
en esta necesidad de respirar la tierra, no tiene cabida el olvido, ni los resortes
del moho en el umbral de universo.
La noche, al caer, baja su telón de escarabajos; la memoria, a su vez, escribe
su diario en medio de las cerraduras del brebaje semidesnudo de la rosa.
Barataria, 25.VI.2015

sábado, 27 de junio de 2015

OTRAS DIGRESIONES

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OTRAS DIGRESIONES




No olvides que hay juegos que se prolongan en los andenes, a la luz del espejo,
el ojo de agua en la boca del prójimo. No conocí a los fundadores
de la República, salvo en fotografías sepia.
Los caminos terminan por golpearnos la ternura, al igual que la épica
del tiempo. Al igual que tantas incoherencias sobre el porvenir.  Croa el mundo
en que vivimos: desde mis madrugadas, las noches amarillas de los espejos,
fuegos artificiales, hambres que degüellan las esquinas.
Al viejo Ezra Poud, le daría risa, después de todo, de quienes lo invocan.
En la lluvia de sonidos que entrelazan el balbuceo, las historias inverosímiles
de los santos, este hedor de tiempo que llega hasta la garganta.
(Yo simplemente escribo: no discuto con los doctores de la literatura,
ni con los economistas, ni con los políticos, ni con estrategas militares,
ni con analistas de cualquier procedencia, ni con los ideólogos del mercado.)
—En cierto modo son carceleros de nuestro tiempo.
Por supuesto la ciudad no solo es un enjambre, resulta ser un muladar.
Hay muchos fariseos que la inteligencia ha disecado, o los petrificó el lago
de su propia saliva. Uno hace lo posible para no adelantarse a los epitafios.
Siempre habrá quien desentone cuando se trata de lavar la conciencia.
En la alegoría del presente, la ceniza es un grito de eternidad.
Ignoro si, siendo efímeros nos convertimos por ley  en criaturas eternas.
Ante la ventana del paisaje, saca su lento cuello, la oscuridad y su séquito.
Si algo he superado con creces, es la ansiedad a la hora de escribir un poema.
Barataria, 24.VI.2015

jueves, 25 de junio de 2015

A VECES

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A VECES




A veces es solo cuestión de tiempo y presidio para sangrar debajo del arcoíris.
Sí, sucede que a veces queremos limpiar las cobijas y los jardines
de un plumazo, reunir el tiempo perdido en un grito, hacerte un escaneo
de cáncer en vez de un sudario a la medida.
Pasa de todo, a veces. Una ciudad invisible en la telaraña de la tos, o un tren,
ronco, alrededor de las costillas. (Ya no sé si quiero morir, después de no cumplir 
algunos de mis deseos; dejar de pensar en el gato y la gata que rompen
el tejado, cuando el alarido es juego de esgrima, danza suicida del misterio
de acrecentar el absurdo de la cruces.
En realidad es más fácil morir de lo que uno no se imagina: perdida la alegría
se es cadáver; de todas maneras, no es extraño: a menudo, alguien finge cuando
ríe; uno juega, pero cuando menos selo piensa, nos visita sin darnos tiempo
de pensar o recordar. Todo existe, pero sin fórmulas infalibles.)
A veces solo es cuestión de tiempo para quemar la última colilla de la semana.
A veces sólo sos mueca en mis viejos incendios.
Cuesta ser y no ser a la vez, cansancio, concavidad, utopía, duda condenada
siempre a la niebla. A veces una Sal Andrews nos refresca el aliento.
Ante la coyuntura nacional, son más fiables los prostíbulos que los analistas;
caso contrario el rostro del país sería otro. A veces, solo se necesitan espejos
o zapatos, y esperar a que la campana nos invite al ángelus.
En la poética infinita del dolor, rezo mi cuerpo entre los dientes del poema.
Barataria, 22.VI.2015

martes, 23 de junio de 2015

BRÚJULA POSIBLE

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BRÚJULA POSIBLE




Sobre la pared, el grafiti radicalmente oscuro. Huecos los adobes al contacto
con la brújula que cuelga de los remedos de los espejos.
Uno siempre está atado a los agujeros sin ternura del calendario.
(Esta es la claridad posible, la certeza, el horizonte del absurdo bajo la lluvia
de los puertos, —vos existente en el semen de mis escalofríos, en medio
del desparpajo y la duplicación de identidades.
Esto de vivir —las vivencias de uno—, es el relevo absorbido por otras vidas.)
¿Cuál boca es posible sin que ella se aferre a lo avaro?
¿Qué pájaro no nos resulta decadente en este juego de tirar la piedra
y esconder la mano? ¿Qué ojos bajan hasta la oscuridad del tiempo tan solo
para sentir lo absoluto? No tengo caminos preestablecidos para llegar a la mesa,
ni coartadas para entrar al nido, ese ámbito calcinado de los sueños.
Ese ser que miro no respira en mis manos: en la antibrújula del ojo, las palabras
quizá en permanente duelo, como todos los duelos que se libran en un país
a menudo irrespirable.
¿Qué brújula es posible, entonces, para disolver la bruma y las obcecaciones?
¿Es suficiente el punto y aparte y cerrar los ojos a la ventisca, a esta piel
gastada de los muertos? —Las monedas, —tuyas y mías— carecen de inviernos.
Los trenes siempre tienen esos pañuelos salobres de las despedidas.
Desde hoy, pienso lamer la sombra de los burdeles con cierta reverencia.
Desde hoy, me deshago del artificio de las fotografías…
Barataria, 20.VI.2015

domingo, 21 de junio de 2015

FECHAS

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FECHAS




Se deshacen sin ninguna indulgencia las fechas, todas, en el costado:
las que quedaron grabadas en la memoria, tienen rostro de pared sentenciada.
En las ojeras del confeti,  las puertas turbias de los párpados hacen su ritual
de granito, hasta llegar si es posible a la herida fúnebre.
Todas las fechas están caducas de ángeles, pero no de cuervos.
Aquí puedes abrasar todo el gemido de las fotografías, la lejanía nuestra
de cada día en el granito del sexo.
Puedes ocultar en la niebla, la muerte y sus cansados huesos. La muerte
y sus largas palabras, la muerte y sus serruchos y agujeros, la muerte gris del miedo.
Uno sólo es ausencias en el confín, después de todo.
Del tiempo ido, el candil de las distancias, aquel animal en medio del grito.
(Ha crecido desde entonces la hostilidad de los alfileres: nada tengo, salvo mis muertos, 
los que fui enterrando día a día sin menoscabo de sus paraguas.
De aquel tiempo a éste, mis cicatrices inocentes.)
De las tantas gotas negras del horizonte, los pedacitos plurales del vacío.
Siempre las estaciones son diferentes en los manuales del ojo.
A través del subconsciente, bajan las alas resurgidas de las gaviotas, las páginas
del semen, el tiempo que debe irse y no reinventarse.
La realidad se ha vuelto inútil en los escombros consumados.
Después de este reino de absurdos, no quiero dejar de ser humano.
Barataria, 19.VI.2015

viernes, 19 de junio de 2015

DIGRESIONES

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DIGRESIONES




Uno recuerda en los pañuelos cierto lenguaje: batallas, viejas ruinas, un perro
queriendo morder las lámparas encendidas de la noche. La poesía, después de todo,
está hecha de todas estas cosas, además de la desnudez consabida de los días.
Un poema habla en las piedras de los vasos del crepúsculo.
La tinta en las palabras busca el cauce como río cubierto de meridianos.
La ciudad es otro mundo más o menos parecido a la poesía. Desde el litoral, el país
nos golpea con sus sueños, (uno a veces desaparece en medio de los ruidos);
desde los tantos caminos a la deriva, madura el silencio al cruzar el horóscopo.
Me gustan las esquinas repletas de peatones con el tropel de fondo de los pájaros.
Me gusta la soledad con la que uno escribe el poema, las llaves que van rescatando
muertos, las hambres que golpean mientras pasa el tiempo.
Uno madura, entretanto, acribillado por la sombra de los andenes y el invierno.
El poema suele exhibir la furia del plato vacío del mendigo, los exilios diarios
de la ternura, o la medianoche que discurre en los deseos errantes de los ojos.
Entre el deseo y la cristalización del poema, la respiración desnuda con la que juegas
a unir los pedazos del mundo,
entre la lluvia y el desierto, la herida desenfundada del suplicio,
entre el espejo y el imaginario, la liebre de tu infancia en el reloj del pubis.
Entre el abecedario y el surco, la exclamación de la siguiente página en el pecho.
—Si vuelves, sube como metal furioso hasta el ojo, luego huye de lo irreparable.
Huye del agua abierta en las esquinas de la cobija…
Barataria, 17.VI.2015

miércoles, 17 de junio de 2015

EPÍSTOLA A PERE BESSÓ

Pere Bessó




EPÍSTOLA A PERE BESSÓ



Se desmadeja el ovillo de pinzas espléndidas
de los ciervos volantes hacia el horizonte de la duda.
Pere Bessó




En la ranura del cierzo, el himen azul del infinito. Tal el corazón secreto
de los días mutilados. En la tinta temprana del árbol, acude en devoción
el pájaro para morder las secretas raíces del alfabeto.
En los exteriores del paraíso, el invierno de yerba del tiempo de Bachelard,
o Thomas de Quincy en el hormiguero kantiano del desvarío.
Siempre crecen los pájaros a manera de añoranza de las Églogas en el camino
del relámpago capturado por la ojera anterior a las ventanas y la asfixia.
Dentro del juego del paraguas desaliñado del alfabeto, caben los días imposibles 
de los barquitos de papel,
la garganta demoledora de las sombras, los corales ultramarinos de la lengua
sobre el picacho horaciano de las perdices.
Un día en la diversidad de los ombligos, el desvelo en el grito del sótano.
Sedimentado el mito del zapato inexorable del que ara, —vos poseso de cierta
arqueología: arador religioso de los destellos en pupila de fuego.
La imagen del pétalo siempre nos evoca el dardo del génesis en los ijares.
A diferencia de los vestíbulos, el poema es una criatura despejada como diría
André Gide, en la hipotenusa del aliento, o bien, en el delirio íntimo.
Dilucidada la virginidad del musgo, se puede transparentar lo inescrutable.
Eso diría el yo profundo mientras bullen las carpinterías. —El yo de Bob Dylan
O Jimi Hendrix, mientras la punta del alba pincha el muelle del pecho.
Barataria,15.VI.2015

lunes, 15 de junio de 2015

PENTECOSTÉS

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PENTECOSTÉS




Como el ave de mi sombra, el Pentecostés de otro mundo menos insomne,
así lo dice la página blanca del cierzo, no el ahogo hundido en los huesos.
Sobre mí, la reconstrucción, la limpidez de la luz y el augusto horizonte
del espíritu, la calle sin esos extraños días de sangre.
Celebramos todos los años del martirio, todos los días sajados de alacenas.
Celebramos algo que es y que hoy está alcance de nuestras manos.
No nos interesa el pájaro mutilado del presente, ni el fósil de la mosca sobre
el espejo, ni la Torre de Babel,
sino la raíz del espíritu, la vendimia humana de la armonía.
En el canto de mis ojos se reconstruyen las palabras: camino  hacia otro tiempo,
de relámpago y asombro, —desciende la voz desnuda hacia lo humano.
Hoy transcurre el iris del olivo como un destino victorioso.
Mi país siempre ha estado pintado por la muerte; inicia, sin embargo, el camino
hacia la tierra de los vivos donde sólo pueden haber murallas para el cansancio
y no para el festejo del Espíritu y su claridad.
Desde la otredad, la techumbre alada del misterio: gozo como gozan las aguas
del arcano, en lo recóndito el palpitar de los confines.
(Sé, no obstante, que la corona de espinas es seductora. Pegadas a mis zapatos
están las atrocidades de la noche, los sonidos polvorientos del que amordaza,
Wall Street y los volúmenes monetarios del gran capital.)
En la solapa del aliento, la sombra de Cristo: en ese destello perseguido,
revienta la semilla entre establos, tal la parábola en el  hervor de la conciencia.
Barataria, 23.V.2015

sábado, 13 de junio de 2015

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AHOGOS




Nos harta el miedo y la niebla, el tatuaje inmóvil colgado de la pared,
el país ambiguo y atroz del sonambulismo, la palabra rota en las alas del polvo.
Nos harta el pájaro colgado al crucifijo, el hueso helado del dolor.
En la memoria ya sin forma los espejos, vacío de ataúdes el silencio, el viaje
que nunca acaba sino en la fosa, en el cascajo carente de niños.
En la ráfaga o el luto veo mis sueños, los anillos de los sueños y los cuchillos,
las cuevas que el rocío forma en el paladar,
las malignas aldabas del hasta cuándo, del hasta dónde del cansancio.
Nos harta la escuela mortuoria con su podrido alfabeto de mortajas.
Galopan en la garganta las sepulturas, y las regiones oscuras del desencanto.
Nos buscamos en la sorda tiranía de los huesos: hiede la boca de los sombreros
del antro, el tamal pisque aplastado por la tristeza.
Muerden los charcos de sangre el trajín de las carretas hasta la leña desbocada.
(Nos harta la sombra roedora de nuestra sombra, el que espera al verdugo
y desaparece, el país de traje, el país del falso entusiasmo, el país del testaferro,
el país del acólito, el país de protocolos plenipotenciarios,
el país inconcebible de manos,
el país sin apellidos y de muertos en el anonimato.)
Por si fuera poco, muerde el pez redondo de las monedas, la piedra molida
del infierno, la mortaja multiplica de las hamacas en plena chimenea del ojo.
Ante el ahogo de las semanas, ya sin anteojos, el mapa de las ojeras.
En la lengua bípeda de las tijeras, agoniza también en infinito de las sastrerías.
Barataria, 11.VI.2015

jueves, 11 de junio de 2015

CENIZA DEL AGUA

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CENIZA DEL AGUA




Heredada la boca del páramo, nos viene el chorrito de sed detrás de la puerta.
Anclan al borde de la lengua, todos los ahoras del sepia en la memoria.
Polvo la claridad pintada de muerte, el barandal de la historia en la hostia,
desvaída la huella justo en la metáfora de las paredes.
Al fondo de la quebrada, los rasguños del agua sobre la piedra.
Algo no es ya en el ojo hendido del petate, en la tormenta negra de ciertos
bufones, o en la carcoma que nos devuelve a las magulladuras.
(El pestañeo de lo oscuro tiene su propio repertorio: podemos caminar y gastar
la leña, los zapatos, el aliento, el campanario, la arquitectura de los pezones;
quemados de ultratumba, el juego del sexo en el embudo de las canicas.
El otoño es la misma fotografía de los párpados, el mismo teatro de papel
que recorremos sosteniendo gorgoritos de casos.)
Lo cierto es que la ceniza en el espejo, crea la noche y el hueco de los minutos;
siempre nos muerden los espectros y lo inhóspito que tiene la sordera.
Mañana quizá ya no bebamos el colapso, los escombros de algunas teorías,
esa condición de estrangulamiento que tienen las aguas secas.
La ceniza nos muerde con su ojo de azor, el ojo destrenzado de las puertas,
La sombra que lía la sombra de los astros: ahora desciendo a la brasa
de los muertos, desciendo a la pulsión de las alarmas.
El yo, allí, cuelga de las secas calles, sin que las pueda recuperar el domicilio
de la infancia.  Nos levantamos cada día sobre la ruina y nos gastamos
el estómago y los altos muros de la patria y el vómito y los cráteres de trenes.
Barataria, 09.VI.2015

martes, 9 de junio de 2015

OSCURIDAD COMPARTIDA

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OSCURIDAD COMPARTIDA




Sobre mi nacimiento, los costados en el absurdo de las palabras y el tiempo.
Los féretros están allí, como golpes en las pupilas, como manchas de tinta
quemada, hendidos los gestos y la dignidad de rodillas.
Todos queremos borrar estas imágenes de huesos en perpetuo movimiento.
No hay lugar en donde se pueda evitar lo irremediable: nos persigue la pared
manchada a ritmo de grafiti,
—su sombra nos acompaña, la oscura sal del aliento, ese negro túnel
que nos desnuda, insoluble de conspiraciones y adversidades.
Toda la ceniza nos arrasa el pecho con sus inútiles dientes: es el terror
la única compañía, la materia hurgada en los nichos, la polilla que nos adormece
en el desamparo, a través de oscuros poderíos.
Durante las semanas se oxida la alegría. Camino sin rostro sobre las baldosas
de la soledad; dejo que los candelabros expíen los monólogos, otros nombres,
otros soles posibles a este que se ha erigido en templo.
(En el ojal de la ojera, todo el hedor impensado de la brasa, los minutos
amargos de la catástrofe diaria, el tintero tortuoso del nosotros.
También el ala y los encajes en los embudos del kerosene: lagrimea la sombra
detrás de la ventana, la oscuridad ciega colgando del olfato.)
¿Hacia qué rumbo quedan ilesas las veredas? ¿En qué pronombres no está
presente el moho, ni el turbio presente de los automatismos?
—Nuestra casa, el país, sobre el quinqué cedido a la oscuridad…
Barataria, 07.VI.2015

domingo, 7 de junio de 2015

CAVERNA SUBURBANA

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CAVERNA SUBURBANA




Vivimos en una especie de caverna suburbana con los incendios propios
del asfalto, con el aliento exhausto y extraño de adobes con mensajes siniestros;
el pellejo nos deslumbra como una pintura al óleo en medio del vómito
o la baba, o la furia de rostros inimaginables,
o los abismos que tienden a ser espejos de máscaras imaginarias.
Deambula el miedo por calles y esquinas, desembocan sueños y edades de luto,
gotea la herrumbre su abrigo siniestro: ciego de respirar escalofríos,
me refugio en otro confín no menos siniestro que los vacíos.
(Mientras la evidencia no extraña a nadie, descorre la tortura con su peculiar
traje de noctámbulo. Se arquean los atrios de la ansiedad, nos estruja el eco
de los tantos mensajes en las paredes,
nos susurra la fatalidad en los costados, crece el rapto como devoto espectro.
La noche nos deja sentir su aroma de paraíso fenecido.)
Medio mundo actúa en absoluta flagrancia. Desde la gota de sangre, exasperan
las ventanas, el follaje convertido en zanja y los huesos que hoy no dejan de ser
madriguera de otras palabras derruidas en el aliento.
En el semen de la muerte, los alelíes en pedacitos de ceniza.
En los zapatos las manos rotas del duelo, los adoquines salpicados
de ejecuciones: así suceden los días anónimos que se quedan en el presente
de la conciencia, los días no absueltos en esta caverna de universo fatal.
¿Quién nos salva de esta sombra, de estos lugares decapitados? —Hay nombres,
cuervos, grises, que nunca alcanzarán el olvido.
¿Cuándo dejaremos de desaparecer? ¿Hacia dónde huimos, si también existen
otras lejanías muertas, otros vertederos tan siniestros como el nuestro?
Barataria, 05.VI.2015