lunes, 31 de agosto de 2015

ALGUIEN ME ESCRIBE

Imagen de André Cruchaga




ALGUIEN ME ESCRIBE




Lo profundo de un río se mide en cuerpos ahogados, pero las
leyes de la naturaleza copulan locamente, con frenesí de polilla.
Recuerdo los pinos y los álamos, su reflejo, ahogado, también,
y el pañuelo blanco que se agitaba y se agitaba para acortar la distancia.
Traté de contar mis problemas y navegar hacia una nueva identidad.
Y esta curva fue a dar contra la turbulencia de los sueños húmedos
Rosmarie Waldrop




Alguien me escribe cartas (inusual hoy en día) desde distancias remotas: uno busca un lugar en el presente, pero de pronto, todo está ocupado y es necesario regresar al lecho de la muerte de donde venimos y vamos. A pesar del dolor y las paredes y de lo estremecedor que resulta el infinito, parece que los pensamientos se dispersan en el polvo; entre tantos extravíos, encima de la grieta de tantos nombres, empiezo a descolgar del tabanco mis palabras: de pronto, en medio de tanto asfalto —me digo— uno es solo monólogos: leo las cartas. Me doy cuenta que hay amistades huidizas (supongo que uno tiene más enemigos o detractores); uno no  consigue tantos días de sosiego, depende de las aguas derramadas o del abandono del alma. Sí, alguien me escribe desde una Isla, o de Västerås, o de Savonlinna, o de Odessa, o de otro lugar remoto donde el mundo se mueve vertiginosa, o lentamente. Hay rastros en mis zapatos de toda la variedad del mundo, poesía, nociones de patria, para robarle dos palabras a Benedetti; ¿se puede delimitar la noción de prójimo? y, ¿Noción de claridad? Me han dicho que el eros es otro mundo que desfallece con la edad, ¿a quién desafiamos entonces apretando el infinito, el susurro, la levedad, y lentitud del tiempo que injustamente madura en los paraguas, que atardece en la flor del sueño? Las distancias liberan o acrecientan sentimientos, lo sé cuando merodeo los recuerdos, lo aprendo de la menesterosa lección del viento. Releo meticulosamente lo oscuro, es atroz la dulzura o lo blanco, las repeticiones a oscuras del gorjeo, los caminos que me salieron al encuentro con cierta argucia: a uno le toca cubrir ciertas falsedades. Nunca el silencio es igual para todos, ni son inocentes las absoluciones, ni regresa uno a la inocencia mínima. (Ahora me escribís desde lo inverosímil y el abanico de la incertidumbre.) A veces en la oscuridad las aguas son más lúcidas, digo, pensando en todas mis herraduras, en mis acasos y tiliches, en mis alrededores de zumbidos. Admito que me sumerjo hasta olvidarme del mundo, cuando leo tantas sílabas y palabras empapadas de entejados, de pequeñas noches y sonidos, de cierta religiosidad imposible. Por decisión propia decidí volverme transeúnte solitario: ignoro si es mera desfachatez o posee algún mérito. La letra es extraña, pero indispensable, es como el destino quejándose de los despeñaderos. La última carta que leí, por cierto, traía irreparables gaviotas y hasta extenuadas rotaciones. Aun así, pauso y sigo…
Barataria, 24.VIII.2015

sábado, 29 de agosto de 2015

CORNISA

Imagen cogida de la red




CORNISA




En el agujero del aliento, la piedra del espejo como un funeral de pájaros.
Pulsan desde la altura los hilos de la medianoche y el mapamundi sublevado.
Sobre el acantilado, el tintero y las inmundicias de la caligrafía;
después de todo, el viento arrastra rastrojos y vestigios.
Desnuda la saliva traspasa las monedas, la sombra vasta de la memoria, el reino
insólito de los zapatos. ¿De dónde emerge esta sed de hoguera?
¿De dónde los destinos inconclusos y santificados, la fiebre por un plato
de vacío? —Quiero entender la gota de semen digerida por los girasoles;
me santifico del tamaño de la dureza,
me quedo estupefacto ante la sabia cerradura de las parábolas.
El fin es sangrar ante los extraños misterios del instante: me toca la hoja íntegra
de la zozobra, el hollín de los encajes, las tantas quemaduras en mis huesos,
el filo de las alacenas entre los ojos.
Soy habitante de esta sal arraigada que corre entre la tinta y las palabras.
El tiempo en mis ojos muerde las vísceras y la neblina de la inconciencia.
Del grito, las paredes afiebradas y los alfileres de la destrucción.
(Una tormenta no es tan poderosa como el arpón del miedo: danza la espina
invasora, frente al decoro. También en los sótanos nos raptan las nostalgias,
la herrumbre y su lengua tumultuosa, la miseria a menudo disfraza de ángel.
La brizna inmemorial corroe las entrañas: hacia las rodillas,
la corporeidad de la intemperie y sus duendes)…
Barataria, 22.VIII.2015

jueves, 27 de agosto de 2015

ESFERA DEL RELOJ

Imagen cogida de la red




ESFERA DEL RELOJ




Cuando solo hay que morir no se necesita de atenuantes. En los minutos
circulares de los brazos de la noche, los espacios intangibles de la esperanza,
si acaso, los metros de párpados que produce el espejo.
¿Tiene sentido la cópula en el olfato cansado de las esfera ahuecada del reloj,
el alfabeto tirado por la ventana de las heridas?
Cambian de nombre los  desastres pero en esencia son lo mismo.
En los folios de la hojarasca los mismos manuales de otoño y sus vicisitudes,
la misma juerga y correrías de la historia, la nomenclatura de los dientes
y esas extrañas torturas de hombres púdicos.
Después del primer engaño, pareciera que todo es repetitivo: uno lo comprende
entre muerte y remordimiento, entre vestigios y humedecidos guijarros.
El cuerpo y los abismos como pretextos del tiempo cíclico.
Mañana o pasado la misma fábula para un nuevo aprendizaje: uno se harta
del plato de la resignación, de los charcos producidos por los espejos,
de la canícula y su imposible voz,
de las infancias inventadas en un mundo sin atajos y muchos cementerios.
¿Tiene sentido morir una vez y después tantas como sea necesario?
Trato de entender la oblicuidad de la alegría, los círculos agridulces del tiempo,
el tiempo convertido en monólogo, los eclipses muertos en un barrio
que excede nuestras posibilidades: giramos alrededor del mismo silencio
que nunca expira; los brazos nos desafían en medio de la pestilencia.
La cadaverización que vivimos, de pronto excede a lo insípido: en la disolución
del tiempo, los tropezones en ayunas…
Barataria, 20.VIII.2015

martes, 25 de agosto de 2015

INTENSIDAD

Imagen cogida de la red




INTENSIDAD




Me dirijo antes que otros al final: cruzo la demora de mis zapatos, las distancias
antiguas del mundo, la luz y todo lo que es cobija.
Solo recuerdo la febrilidad de las estaciones en donde he estado: he sobrevivido
al silencio con todo y colillas y al aliento pétreo de ciertos umbrales.
Del cuerpo, las grietas, las resistencias, los altares, el ojo desollado en la piedra,
las dudas que desde siempre parecen barricadas.
En el cenicero de la tristeza imposible el espejo, o la geometría del alma.
Todos mis años se mezclaron entre el miedo, el crimen y el dolor.
A veces retengo las sombras en el cuenco de mis manos, o en alguna cuchara
de intenso barro: yo soy esa sombra enredada en el alfabeto.
¿Tiene color, claridad, fosforescencia este País que no descansa en su luto?
A veces la ternura se agota en las mochetas de puertas y ventanas.
Desde la hoguera de las aceras, este vaso con sed del galope: en el traspié
quebrado del aliento, las horas rotas sobre los hombros.
En el último telón del lupanar, los muertos que no caben en la tristeza
de la tierra, o en las páginas primeras de los periódicos.
Suena toda el agua del lavabo. Agua huraña y negra y viscosa como la noche 
y el submundo de los moscardones.
(Vivimos, tal una elegía de metales, entre los caballos de la estampida;
el galope ha sido la furia de los remolinos atroces sobre la piel:
después de crecida la bruma, nada queda en las pupilas, excepto los pañuelos.)
Barataria, 18.VIII.2015

domingo, 23 de agosto de 2015

SOBRESALTOS

Imagen cogida de la red




SOBRESALTOS




Sobre qué paraísos se nos caen los ojos y estos crecidos caminos de la muerte.
El país, aquel estandarte vacío del grito en donde a diario se engendran
féretros, tormentas, vientos y alaridos.
Uno siempre camina a la orilla de los desfiladeros de muerte.
Mañana estará siempre allí la sombra y su radiante campana de neblina;
En la próxima alambrada de la duda, la luz oscura del instante, el hoyo
tras la puerta, las mismas noticias como ventanas ahumadas.
—Tras de vos, los amarillos brazos de los caracoles, la desnudez en la fosa, 
sin más horas que le memoria y el desaliento.
El sobresalto es la lección diaria en el costillaje de las sienes. Sobre los hombros
el extraño filo de los sueños, el cántaro desvanecido del pálpito,
la boca exhausta de vacíos, como abeja quemada en la sequía.
Vos, sin más, en medio de este poderío de la muerte: faltan manantiales
para tanta eternidad de pájaro disecado, para soterrar el vaso sordo
de las palabras, el nombre despiadado de los güishtes, el suspiro desolado
sobre la piedra, los almácigos inciertos de los escapularios.
De la mano invisible de las profecías, la mitad de los escarabajos en el aliento:
entonces, en las esquinas todas las oraciones alborotadas por el pánico,
el embudo extraño de la maldad,
el miedo que se multiplica como las altas temperaturas del trópico.
Cojean los pañuelos entre cadenas de semen y extorsión…
Barataria, 16.VIII.2015

viernes, 21 de agosto de 2015

SILENCIO EN LLAMAS

Imagen cogida de la red




SILENCIO EN LLAMAS




En el ojo insomne del delirio, las teorías del escombro entre los dedos.
Apilo los caminos, entre haces de bolsillos y guijarros: crepita el bosque
de la respiración con sus calladas hambres de abandono.
El miedo nos acurruca hasta el aullido, las migajas siempre se atreven a ser
comida, en un tiempo donde se sangra de engaños.
Pestañea la desnudez, en medio de cacofonías y pleonasmos.
¿Quién tiene potestad de la noche mientras levita el bufón de nuestro tiempo?
¿Quién ante el vuelo nos rasguña los escapularios del carraspeo?
Tanto y tantos silencios en llamas: lianas ardidas en el sótano de la nostalgia,
tanteos enfurecidos de la herrumbre,
goznes en medio de la desmesura de la boca, o de la casa ardiendo.
Ya hemos callado en demasía que el silencio se tornó dureza infinita.
(No sé si exista premura mientras zumban los vértigos, mientras la flama
reverbera en su propia concavidad, mientras el estruendo de la sangre,
propaga la escarcha sobre el verdugo del presente.
Siempre se está expuesto a los vejámenes: uno sabe cuando la inequidad
llena sus bolsillos sin ningún cargo de conciencia y amplía su ojo de cíclope.
En las monedas giratorias del suplicio, los instrumentos sagrados del terror.)
¿Cuántos mundos abarcan los féretros de sal?
¿Cuántos ríos incineran las fábulas y todas las infancias ahogadas?
En el viento adyacente de las aguas, el pez de fuego del pedernal: el murmullo
del fuego entre huesos y ceniza.
El silencio tiene sus propios fierros, respiran los espejos mientras pulo
                                                                                                                           [los vitrales…
Barataria, 13.VIII.2015

miércoles, 19 de agosto de 2015

EXTRAÑAS ARMADURAS

Imagen cogida del FB de Pere Bessó




EXTRAÑAS ARMADURAS




Entre los cadáveres del alba, las extrañas armaduras de sal, los días
confundidos en el aullido de las cosas, las puertas como bocas de hambre
y espinas. Uno siempre se aferra a ciertos esqueletos.
Detrás de esas extrañas metáforas babea la herida y la insania.
Toda la dureza como el mundo, como las calles ciegas de los muchos cuerpos
que no saben de paraguas y cobijas.
Las sombras son nuestro mayor talismán: somos la sombra del mundo,
ese pasto de abismos, la sintaxis encarnada en las persianas.
Usted sabe de todos los juegos múltiples del zarpazo, usted que nunca logra
desengañarse de este tiempo de miedo y ciénaga.
Tal es el cántaro que se rompe en el lamento, la ráfaga de niebla tapizada
con los mejores clisés: mientras la comedia eriza la piel, tienen mejor sentido
las rasuradoras o lo cuervos, toda la tempestad ronca de los sueños.
Justo al pie del árbol del alfabeto, hay que desacralizar ciertas arqueologías;
a veces los cinco sentidos son intangibles en las escaleras.
Si pudiera reírme, lo haría en el infierno vehemente de las tormentas para lavar
el tizne que acumulan los goznes de las caricias, o la genuflexión.
En cierto modo, la luz sale al paso de nuestros desencuentros: cierro los ojos
para dispersar mis pies encendidos de móviles cenizas.
Sacudo ventana o puerta de la oscuridad enrojecida de la entraña.
En el último horizonte de la huida, estas inhumanas armaduras (¿alguien
lo advierte? Cualquier espejismo es una suerte de  absurdo para incautos)…
Barataria, 12.VIII.2015

domingo, 16 de agosto de 2015

MARTIRIO DE CENIZA

Imagen cogida de la red




MARTIRIO DE CENIZA




Vos, ceniza, entre el espíritu del viento y la lengua furiosa de la sangre.
Entre la corteza de mis dedos y la boca de fuego de las palabras.
Entre los chiriviscos mordidos de la respiración y el petate oscuro del deseo
que está ahí en el torrencial tejado de la revelación.
En la vacilación del pétalo, el asombro herido de los ojos: me hartas con ese juego múltiple de maniquí; antes, la cresta moribunda de los gallos,
los horcones del estruendo,
los tiliches ciegos de la identidad, el son amniótico de las vocales.
Sos, después de todo, solo este laberinto con gusanos, la ventana
destejida de mis máscaras, o la locura por momentos sabia.
Uno sabe que el fuego atávico es martirio.
En el vendaval descuajado de las ojeras, el devaneo oscuro de los alhelíes,
esta encarnación del alfabeto sin compuerta, los augurios de pronto espejos.
¿Hasta dónde nos arrastran los excesos de la ceniza, Ulyses vicario de ciertas
aguas enmarañadas, los adioses sin cobija del confín?
Uno, cierto, no sabe en qué momento la luz se hace ceniza: alguien intuye
el andrajo, el desapego misterioso de la fuga, la Nada que se aproxima sigilosa
en su carruaje hacia regiones carentes de jerarquía.
Me dueles sin alas, claro, porque me tocan los dedos fúnebres
de la exasperación, la sombra del diluvio a través de las antípodas.
En el lupanar o en el vertedero, recojo la ceniza de los trenes que se marchan.
Al cabo, todo concluye, algunas veces sin reemplazo…
Barataria, 09.VIII.2015

viernes, 14 de agosto de 2015

DESPUÉS DE TODO

Imaghen cogida de la red




DESPUÉS DE TODO




Sí, la realidad germina en las sementeras de las sombras. De repente,
es menester la ficción para ver los surcos del sinfín. En el campanario del ojo,
las horas sordas del silencio y esta sinrazón de la jerarquía del moho.
(Nunca he podido entender cierto lenguaje de posguerra, cuando se confunde
con el de la preguerra. A veces un tropezón en ayunas es lo más parecido
a una mordida en clave de cordales.
No tienen nada de extraño las preguntas cuando no existe duda en las certezas.
Hay ciertos conceptos hoy en día, que se nos quieren vender como rascacielos.
Bueno, uno nunca sabe si confiarse por completo de la lluvia.)
Ya me dejaron de sorprender ciertos clisés, incluyendo los cadáveres en vinagre 
de la posmodernidad; a cada quien lo acechan esos extraños sueños
del absurdo, la telaraña fiel a los espejos,
o los juguetes consumados en la piladera del subconsciente.
—Ahora rezo por ciertas palabras sepultadas. Otras palabras murieron
en la cuna, en aquellas cuevas como ojales que descubrió la llave del quinqué.
Tengo memoria de muchos ceniceros tirados a la basura.
Sobre la bengala del aliento y los dedos, las palabras hasta el cuello
de la corporeidad. A medio camino me despierta el fogaje del calendario
y su piedra, real como una mueblería incinerada.
Después de todo, este País es de ocurrencias y no de resurrecciones:
por si acaso, como suele suceder con los rieles de la intemperie, dejo que ondee
lo abundante de la decrepitud. Mi voz es consecuente con los féretros.
Barataria, 07.VIII.2015

miércoles, 12 de agosto de 2015

REBELIÓN DE ESPEJOS

Imagen cogida de la red




REBELIÓN DE ESPEJOS




No hay sofoco sin que se quiebren los espejos, ni espera para manantiales
de espinas. En el sueño marginal de los tejados, se subleva el tiempo: no hay olvido 
para el que resiste al dolor, ni espejo que restañe residuos de sudor.
No hay mundo sin lenguas y sueños enlutados, ni largas semanas de barbas
detrás del papel desteñido del pálpito. Así descubro, por fin,  quién mastica
las sombras en zapatos extraños. Desconozco el itinerario de las osamentas,
y la falta de ortografía del grafiti en las pupilas.
¿Es locura o embriaguez el mercado de pulgas que amanece en los espejos,
o simple aguja de humo que se adentra en los ojos?
No hay rebelión más grande, que la sombra crepuscular saliendo del follaje;
O el dedo de la desdicha en su afán de devorar todas las banderas:
—vos, acaso, gastada en mis centímetros de aliento. Lacerás la cúpula
de la sangre, deshacés las monedas sedientas de mercancías.
En el volumen subvertido de polvo y pañuelos, la herradura del reloj
como una sortija siniestra.
Divididos, allí, en lo impasible de la piedra, el salto al vacío, la geografía
de culantro de los cementerios, el frío y su nata como una gran basílica de hojas
y esqueletos: ante el arma blanca y sus estructuras siniestras, quemo lo inmóvil
que tiene la ropa e impreco a las conciencias…
Pasada la tregua, solo quedan los cadáveres y los nuevos presentimientos.
Barataria, 06.VIII.2015

lunes, 10 de agosto de 2015

FÓSILES

Imagen cogida de revistaenie.clarin.com




FÓSILES




El poema con los años se convierte en fósil; la abstracción no nos sirve
de mucho para escribir catálogos que tengan que ver con los espacios pequeños
de los poros. El aliento a menudo, es sólo el duplicado féretro de las semanas.
Cuando amanece siempre encuentro vacía la alacena, en negro y blanco, todas
las posibilidades del escepticismo.
A menudo, para un dolor, hay alguien que lo provoca. Ante los timbres sordos
de la Realidad Nacional, uno puede tararear cualquier canción,
macerar los puertos del extravío, (inclusive sostener la carcajada por más tiempo 
del habitual.) La complicidad ha dejado habitaciones llenas de fósiles.
Ellos o los otros se ven grotescos a través del claroscuro de la madera.
(Es extraño porque nunca me olvido del lenguaje terrible de la noche),
tampoco de los dientes y sus profundidades;
en un instante uno puede perder las pupilas en las esquinas: el país es así,
frente a mí y detrás de mí; a los lados, la fiebre de las osamentas.
(Alguien dirá, claro, que todo esto es mero espejismo, o ficción), aunque
nos envuelva todo un imaginario sangriento.
En el aroma, la polvareda de los huesos, las semanas con sarcófagos, y trenes
remotos; cuando todo esto acabe, las tarjetas postales en las manos del mundo,
o las aceras con sus fotografías grises.
Ante la piedra tetelque de la intemperie, también el techo descendido a piedra.
También el cuerpo con los agujeros propios del sigilo…
Barataria, 04.VIII.2015

sábado, 8 de agosto de 2015

UN POEMA, DESPUÉS DE TODO

Imagen cogida de la red




UN POEMA, DESPUÉS DE TODO




Mira lo que me pasó
cuando llegó la noche lentamente como una cucaracha
buena para muchos como remedio, cuando enciendo
en el alma el fuego de los versos
me acosté. El sueño es el jardín preparado para las dudas
no sabes lo que es verdad, lo que no lo es
te parece que es un ladrón y lo fusilas
y después te comunican que ha sido un soldado
así ocurrió conmigo exactamente…
Tristan Tzara.




Entre la maleza de lo cotidiano, esos quebrantos de los jardines de la memoria, los días de nulidades en los estanques del tiempo: uno no resbala en la ceniza sino en el calendario, en el aliento de los relojes, en la polilla que muerde sin demora las ansias. Hoy o ayer, es igual. ¿Existes?—le pregunto a la ceniza. Sí, en el absoluto de la voz que juega a los tiempos del pluscuamperfecto. Por cierto, todo tiene dientes y lunas de cansancio y manchas redondas en los trenes de la conciencia. En los ijares se va amalgamando el obrero de lunas, el hueso manando de la risa, los explosivos consuetudinarios de la ira, los andamios de la saliva dilatados en la memoria tardía de la ternura. Un poema después de todo rompe las ventanas y los manteles de la mesa; no es lejana a esta nebulosa que vivimos todos los días. (Usted, sin reparo, —si así lo desea— escríbale al amor, al ajo, a la cebolla, a los zapatos, al vinagre, a los suicidas, a la miopía, al atardecer de los ojales, a las ojeras cinematográficas del día, al alambique que bracea como un pez en ciertas profundidades, al invierno, a todo lo humano que tienen los zapatos, a la sinuosidad de los paisajes. Usted escríbale a la palidez, a las pupilas vaciadas del enjambre. Escríbale a las gigantescas heces de la avaricia.) Algo de piel y olvidos hacen las palabras; bajo el vuelo de la luz, la hondonada del cordel pulsando su ojo de hoguera. El poema no existe si no es capaz de fugarse del papel, si no es capaz de lamer lo salobre de los encajes, si deja de alumbrar la opacidad, o la mansedumbre, o la imperfección de lo amorfo. El poema, digamos, es una gran puerta por la cual caminan las sombras de la intemperie; es otro cuerpo donde algunos enhebran el desconsuelo: enloquece la memoria de moscas, de hambres y extravíos. Usted puede argumentar que es capaz de tapar todos los agujeros del mundo, devorar la esperanza de los prostíbulos, morder los relámpagos y descender al ombligo de la geometría de las ingles, ¿puede también levitar y robar el fuego? ¿quitarse la ropa mortuoria, lamer el centelleo de la respiración, dormir en los fuegos de la perversidad? Usted puede escribirle al éxtasis absoluto del espejo que lo mira,; puede, incluso, hacer que las palabras goteen, ocupar los espacios silenciosos de la vida, afirmarse en la neutralidad aunque de todas formas le llegará la muerte a pedirle cuentas. Ante la noche, cierro los ojos para encontrar la cerradura. Pienso en las manos, en los señuelos y en los pañuelos: en realidad, el poema es a condición de tantos vacíos. Nunca faltan los abismos y usted lo sabe. Uno nunca deja de cruzar las alambradas de las máscaras: unos dirán la historia y sus ojos y su lengua. En la sombra del poema, la sed, lo siempre inalcanzable, o el oscuro dolor de los crucifijos. En todo hay un país que sangra desde la médula. Esa alucinación por la desnudez de los altares, nos lleva a poner la otra lágrima. Mañana, absorbidos por calles invisibles, la siempre herida del mundo y sus monotonías, o el paraguas que excede a los oficios de la muerte, o a la disolución del tiempo: total, muchos trabajamos de supernumerarios…
Barataria, 02.VIII.2015