domingo, 3 de enero de 2016

ACASO EL GOLPE DE UNA VENTANA

Imagen cogida de la red




ACASO EL GOLPE DE UNA VENTANA




En los cirios del acaso, quizá un golpe de ventana juzgue el desarraigo
del clamor de la lumbre en medio de tantas pesadumbres. Quizá, precipitados
los recuerdos, el ciego canon de las paredes, entonces ciego de alma y tiempo,
ciego de otoños en los eucaliptus removidos.
Todos estos meses, años, como una cárcel: zanjas, boquetes, hambres: un solo
dolor en la tarde que transcurre;
un solo frío de país, una sola infancia demasiado corta para un mundo azaroso.
El golpe de una ventana no hace la claridad, ni el vuelo, ni destrenza el follaje,
ni abre los acordes de los dedos para asir la opacidad.
Sobre las mochetas del clamor, emergen las heridas profundas de los incendios,
toda la luz sobrecogida en la nostalgia, todas las  cucharas hambrientas
de heroicidad: dentro del frío, los boquetes que deja el vértigo en el aliento.
Mi única certeza aquí, es la noche en llamas y los caminos dispersos.
—Vos, no podés redimirte únicamente a través de los conjuros, mismos que usa
la depravación del verdugo. (Por cierto que, en cada golpe, hay más párpados
y menos luz; más túneles y menos calles:
pareciera que todos los sedimentos están debidamente consensuados.
Nadie sale ileso después de caminar sobre el filo del fuego de los demonios.
Nadie que se encenice con las colillas que deja inaprensible su propio yo.)
Uno, después, sale a la calle para morder el polvo del infinito.
Desde siempre, hay un trasfondo detrás de las ventanas: digamos, por cierto,
el sonambulismo, que nos precipita en habitaciones de dudoso tiempo.
Barataria, 20.XII.2015

No hay comentarios: