viernes, 1 de enero de 2016

ANDAR A CIEGAS

Imagen cogida de la red





ANDAR A CIEGAS




En la órbita del monólogo la introspección de la herida sin entender
el escombro que cohabita en esta perversión insoslayable de los eclipses.
¿Quién entiende a quién extendidas las analogías? ¿Quién es quién perdido
el itinerario, construida la penumbra?
La historia que nos perdura no tiene alcoba ni ventanas. Ni siquiera orquídeas.
Extenuado de andar ciego, me quito el sofoco en los andenes.
Hay ojos abiertos pero no para ver los orgasmos del júbilo, sino para seguir
en la vía dolorosa de los escapularios, o en una especie de confesa burbuja.
¿Quién de todos es real cuando le toca por suerte transpirar a la conciencia?
¿Quién guarda para sí los hisopos de la culpa?
Atravesamos de punta a punta la humedad de la ciudad: ante los dilemas,
las máscaras y la posteridad de algún callejón de San Salvador.
Desde las suciedades genitales de la bruma, sólo detrás del frío del nosotros,
la sospecha sin ningún preámbulo. (Nunca sabemos quién, en realidad,
gobierna la noche, quién conspira cuando empieza a amanecer.
Ciegos aun en la temeridad de los espejos: ciegos de duelos y anhelos y fosas.
Ciegos de vivir felizmente los sofismas, o ese murmullo cotidiano
de las recurrencias. Nada nos inmuta porque nada vemos, ni el caos que está
a la vuelta de la esquina.) En tanto, el aguacero que me pierde en sus aleros.
Nadie escapa de la ficción de los submundos que nos acompañan.
La brida está próxima a los destellos del resuello.
Hasta morir dicen que estaremos ciegos, sobre todo, de semanas sordas…
Barataria, 19.XII.2015

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