sábado, 13 de febrero de 2016

DISTANCIAS CIEGAS

Imagen cogida de la red





DISTANCIAS CIEGAS




Hemos hecho del tiempo distancias ciegas y rincones donde no cabe la lumbre 
de la eternidad, sino la mueca hendida de las mochetas, o ese fragmento
de soledad que siempre llevamos dentro como la habitación del espejismo.
Frente a nuestros ojos la sombra despiadada de la noche, el sinfín sin ninguna indulgencia, ni bandera. Sólo la breña derramada de la sed.
Desde el umbral, la tapicería del horizonte y los trenes, la flama discontinua
del juelgo, aquellos tantos desatinos sobre los adoquines.
He roto calendarios y mordido los barrotes de las tormentas y pulverizado
el pálpito y lamido los grifos envejecidos de la sed: he visto personajes maquillados 
y carpinterías donde barnizan ataúdes y escuchado lamentaciones
descoloridas y sin brida.
Dudo, —ya roto de aliento— alcanzar una distancia sin moscas.
En mis fotografías aparece inclinado el tiempo y en coro de ceniza las ventanas.
En el otro extremo indefinido de las semanas uno ignora si son baldosas
o tumbas las que esperan por la boca.
Por eso no me fío de la almohada, ni del azogue de las fábulas.
Siempre hay algo que lo alcanza a uno y lo aniquila: las paredes son implacables
y extrañas y juegan a invadir nuestros párpados.
(Sólo veo magma y paranoias: el aullido de un tragaluz en el inconsciente;
debajo del follaje sediento, la diadema del aliento resume el destino
de la conciencia, el río semejante a los ojos que se extravían sin explicaciones.)
Alguien pide una rosa de pájaros sobre el libro de lectura del alba…
Barataria, 2016

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