lunes, 29 de febrero de 2016

EXCAVACIÓN DE LA PENUMBRA

Imagen cogida de la red




EXCAVACIÓN DE LA PENUMBRA




Excavo el terraplén de las gavetas del insomnio y allí, los huesos irascibles
de la historia, el equívoco apoteósico hasta el último hangar del granito.
En la penumbra exactamente, la edad del extravío y el diluvio de sequedad
que atraviesa boca y pálpito.
Del otro lado de la fosa, ya no quedan imaginarios, sino la arqueología
de las luciérnagas o el pulso del pez petrificado en la solapa de la noche.
(Hablamos a menudo de verdad y de verdades, ¿acaso no las conocemos,
o es mero clisé el habla entre sepultureros? Unos agachan la cabeza
sobre su tumba, y entre el moho, hacen juicios y atascan de saliva el alma
del demonio, llenan las aceras de cachivaches. Uno dice hasta cuándo,
hasta cuándo las sombras y las tumbas sin identificar sus nombres...
Me harta, —me dice alguien con dejo de desencanto y recriminación—
eso de historias paralelas en nuestro país. Mientras sigue la perorata del poder,
es horroroso cómo se engangrenan y oxidan las voluntades en la zambullida
de la almohada y en los garabateos del murmullo político.)
—Nosotros seguramente como resultado de esta catarsis de abnegada ficción,
seguiremos destinados a la escritura. Uno no entiende tanta discusión
absurda, en tanto,  los huesos de los desaciertos se hacen polvo.
Debajo de las alambradas del aliento, vos y mi soledad profunda, mortal
en la enredadera de la penumbra, diversa y única como una melodía efímera.
Dentro de lo excavado, la rama del escalofrío en las manos, la pulsión de luz
que se levanta desde los cementerios, la rosa de tierra de la memoria.
Barataria, 2016

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