sábado, 27 de febrero de 2016

LA EXTRAÑEZA DEL ABSURDO

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LA EXTRAÑEZA DEL ABSURDO




Entre otras posibilidades
He escogido vivir He escogido
La extrañeza el absurdo la complejidad la sencillez
El dolor La compasión
La soledad la multitud de vivir
Roberto Fernández Retamar




Son muchos los absurdos que transpira mi aliento, muchas las ausencias
de la inclemencia en el tiempo. Atardecido el mimbre de la desnudez.
Muchos son  los que aún despiertan con su mea culpa y por eso muerden 
las sombras y los fuegos de la noche: jamás llenaron los vacíos de saliva,
ni pudieron vivir en su propio abismo.
He abierto las ventanas para romper el fuego inasible de las tantas gargantas
desnudas en la ceniza: a veces la lucha es férrea como la de los zopilotes,
o el ave de carroña de la mendicidad.
La locura de hacer grietas en el páramo tiene su propia naturaleza.
En la ciudad de aquí y la de allá, no cambia la sombra del aliento, ni los ataúdes,
ni los purgantes del sueño.
—El tiempo será el mejor testigo del porqué de la tristeza acumulada
en la almohada, de los temores y los agravios. (A mí no me preocupa esa delgada 
piel de los catálogos, ni llegar al límite de la escritura, ni tener la idea
de que uno no existe, o que le niegan la existencia.
En la lección de la constancia, unos se han marchado, pero han llegado otros.
De pronto, esas sombras entre líneas del aliento, son el espejo transitorio
del equilibrio: alguien habla ciego de tiempo, de historia, —ese alguien ha perdido 
llaves y cerradura y se desvanece en su propia apoplejía)...
En un diluvio de féretros no se puede purificar el pozo macabro
de la embriaguez, ni embalsamar las viejas consignas de los molinos de viento.
Barataria, 05.II.2016

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