jueves, 11 de febrero de 2016

RECUENTO DEL EXTRAVÍO

Imagen cogida de la red




RECUENTO DEL EXTRAVÍO




Hay un lugar de la memoria en donde estás: días, ojos, espejos, catecismos.
Todo ha cambiado su forma, no la esencia. No la embriaguez, sí el horóscopo.
Fundimos cuerpo y voz y sombras. Vivimos y huimos y sobrepasamos
el asombro: reíamos hasta que el extravío dejó de parecernos simple juego.
Ahora en la hojarasca repetida de los días, ciega la soledad del susurro.
El gallo que nos despertada dejó su pico colgado de la pared del horizonte.
A la vieja armónica del olvido le quiero cubrir el cuerpo de la irrealidad;
morderle el aliento hasta dilatar la zozobra, quitarle el cuentagotas
de la ebriedad de mis zapatos.
¿Qué conservo, extinguidos los trenes y el mar perdido en mi travesía?
(Hoy la tierra es salobre junto con sus muertos. Son así los mendrugos
y las hambres embalsamadas, la tinta sobre el delirio empobrecido del huerto.
Son así las estaciones donde se ha construido el miedo.
Son así las revelaciones obligadas de la historia en nuestras costillas.)
En realidad, siempre dudé de la honorabilidad de lo eterno: toda historia nunca
es, sino en su tránsito: allí se nos revela. Ahora sé que la falsedad no puede ser rescatable; ni la fosforescencia, silenciosa; ni la torpeza de sábanas al oído.
¡Cuánto dejamos de ser al no degollar la ficción, o los múltiples insomnios!
—Vos y mis equívocos. Yo, y los tuyos.
Al hurgar en las sombras, me doy cuenta que nunca salí de ellas.
Trato de ser equilibrista de mi propia respiración en este tiempo desunido.
Barataria, 2016

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