miércoles, 24 de febrero de 2016

RESQUICIO DE SOMBRAS

Imagen cogida de marcelocaballero-fotografia.blogspot.com





RESQUICIO DE SOMBRAS




De pronto buscamos oficio en el resquicio de las sombras. Y danzamos, claro,
alrededor de la redondez de la sal. Uno no sabe si un día dejará de ser luz
la oscuridad y su edad de desvelos transpirados.
Quizá haya desapego, casi visceral, al vestigio, a la rosa de ceniza de las criptas.
Uno no lo entiende por más que limpie los lentes de la angustia.
Alguien desde la cobija de polvo, maquina el hervor de su propia desnudez.
Cada quien, —sin embargo—, amanece entre las sombras ardorosas del infinito
y el doble aliento salobre de los andenes.
Después de toda la humedad de pañuelos pulsantes que hemos tenido,
uno esperaría que el terror desaparezca, que desaparezcan el subsuelo junto
a los sótanos y la oscuridad corrosiva de las vísceras.
(Uno esperaría un puchito de agua en el pocillo de la misericordia.)
—Como un redoble de panales el río de comensales oscuros alrededor
de los flecos de la saliva, sin más fluir que el estertor de los taladros.
Resplandece aquella figura oscura como el tiempo entrelazado en los dedos
de la impaciencia: hablan desentonadas y graznan etéreamente las bocas
gentiles en el yogur. En la rama del poder, es de suponer que los fríos desaparecen aunque sea momentáneamente. (Allí la rigidez es tal que nadie
se atreve a desafiarla); de eso, —claro—, existen innumerables referencias.
El resquicio, quizá sea una forma de guarecerse uno, del chapoteo de otras
bocas y otros ojos: ahora entiendo tantos vacíos y tantos golpes en la puerta.
—Uno procura estar siempre despierto, sobre todo cuando la marea
es cercano río igual que los desatinos insustanciales de las máscaras…
Barataria, 2016

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