miércoles, 17 de febrero de 2016

SINTAXIS DEL CAMINO

Imagen cogida de knillita.wordpress.com





SINTAXIS DEL CAMINO




Uno combina brújula y tiempo para darle sentido a los zapatos. —Quien anda
a la deriva, no encuentra el otro lado de la fábula, sino un renglón confuso
de engaños: extenuados asumimos las faenas de la esperanza;
ahogamos la piedra de la oscuridad en los expedientes dolorosos del ojo.
En la proximidad con otros rostros, el calendario nos adentra en sus huecos.
Hay esquirlas, todavía; y sintagmas como un cordel de abejas bramando
en los oídos, casi como cascos rompiendo vitrales u otras noches dentro
de su albor oscuro: caminamos, cierto, agarrados de las manos de la orfandad,
mordiendo el petate confeso de los círculos.
Ebrio el desorden que quema los sueños, donde ni siquiera se sospecha
esa sensación de vacío de la ceniza en el cuenco de los ojos.
Abierto el alero de los nudos, uno quiere desandar y darle respuesta a quien
clama por la cura, —esa cura al miedo y a la bruma que garabatea en las sienes.
Ante la castración del lenguaje, apenas quedan epitafios y brazos duros
de ausencias y galopes de grifos subterráneos.
En aras de una ventana en el firmamento, debemos quitarle las muletas
al parpadeo y romper la metamorfosis de los cementerios.
¿Hay necesidad de un bastón para sostener la hogaza de las semanas en plenas
sonrisas castradas? ¿Quién delata los resuellos del aleteo?
En las axilas, el lenguaje húmedo desgastado de los zapatos: la metafísica
del odre entre los peñascos del pensamiento. Hay que suprimir los dictados…
Barataria, 2016

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