miércoles, 23 de marzo de 2016

CLARIDAD INVEROSÍMIL

Imagen cogida de la red




CLARIDAD INVEROSÍMIL




Como la abstracción del olvido, los remolinos de luz menesterosos de epitafios:
después de todo, nada fluye, salvo las aguas estancadas o la lección de huesos
que uno debe aprender desde el alba hasta el nido extenuado del tiempo.
¿Hasta dónde llegan los límites del mal vivir, la página rota, extendida
de sombras, la perenne ocupación de lápidas, meterse uno en la máscara
de los costados y la costumbre de verle la cara al absoluto del exilio?
El destiempo nos aprieta con su voz oscura. También el sentido de las palabras.
¿Cuándo comienza la luz se alumbran los suicidios, también los muñones
del infinito? —Vos sos parte de esos ciegos dedos de la tinta, parte de la luz invertida 
de las cerraduras, de los candiles con tizne de la noche.
La brújula después de todo señala el charco que hacen los espejos.
La claridad sola no tiene el poder de un fuero ni es posible negociarla desde
las sombras del arco iris. No se puede apedrear la esperanza.
Quizá nunca pueda reunir los pedazos del pabilo de tanto monólogo.
Las lámparas, de pronto, responden a la noche, son expresiones de la oscuridad.
Todos los andrajos caben en el sofoco de  saliva de los relojes: lo inverosímil
castra el desván de los sueños, los fermentos que provoca la confusión.
Desde la distancia uno puede dejarse llevar por la fantasía.
Lento es un país de ceniza, guardado en las ramas de la congoja.
Triste es un país consagrado a la tristeza, ataviado de matorrales y cadáveres.
Incansable es un país para perdurar en la destrucción y en extrañas apologías.
En el falo de la violencia, cuelga la cópula de los espejos.
Barataria, 01.III.2016

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