lunes, 14 de marzo de 2016

ETERNIDAD SOBRE ACEQUIAS

Imagen cogida de la red




ETERNIDAD SOBRE ACEQUIAS




Después de todo cargamos en los hombros y la memoria la impureza
de los sueños más bestiales: en las acequias se gastan las paranoias de la luz,
o lo que es igual, está siempre allí la eternidad sacando sus manos,
expandiendo su baba de bajas pasiones.
A veces uno sólo se acerca a la ventana de medianoche para palpar la sombra
inclinada del aliento; sobre alguna piedra la dureza de los recuerdos.
(Tantos años pacientemente mordiendo el tallo de las begonias, sosteniendo
los balcones de las cuarenta noches; ahora salgo a la puerta y no veo nada,
sino la furia de los mirtos en flor.
Tantos meses de paraguas rotos en el pecho y las verdades a medias apretando
el corazón y la desesperación al tope con su descalabro de palpitantes sombras.
Nada vale mientras el deseo es mi calvario. La conciencia navega en sus propios sedimentos: padece de insomnios y recuerdos, muerde el ombligo del filo,
sumerge su galope en la abadía de los juegos de la ternura,
rastrea el hambre, la ira, el polvo de las semanas acumulado en los libros.
Ahora te encuentro aferrada a otros demonios: ignoro si hoy gozás, libre,
las dentelladas del sexo, y los absurdos de su reino alucinante.
De aquel tiempo a éste, únicamente las muecas del subconsciente.)
Sólo es eternidad el pasado imprescindible y ciertas vicisitudes, los velorios,
y los tantos meses que esperan a regañadientes.
De a poco me olvido de las extravagancias y le doy unas palmaditas en el pecho 
a la infancia: seguro que le haremos un retablo a la sombra…
Barataria, 22.II.2016

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