jueves, 10 de marzo de 2016

SÓTANOS INFINITOS

Imagen cogida de la red




SÓTANOS INFINITOS



Al poeta Juan Calero

Contra el tiempo no valen compresas de lava ni sismos donde se violen trampas de colores más brillantes.
El tiempo anda hirviendo en sus calderas de hierro,…
Juan Calero




En la medianoche de paredes y ojos, uno tantea la sombra de la piedra.
Quizá porque el tiempo, siempre es noche creciente, sótano de edad y senderos.
Hay gritos en el eje sonámbulo de la garganta como una herida de miedos;
en lo profundo de la neblina, se hunden los milagros antes de realizarse.
No es el pájaro aquí del ciprés que muerde el olfato enroscado de la oscuridad,
ni el campanario ya derruido de las misivas,
ni el arrullo encielado de los ahogos sobre los cascos irreparables de los relojes,
o los caballos que en desbandada apagan los candiles del lenguaje.
Por cierto, uno se acostumbra al sonido de las aldabas, o al  cayado de los vasos comunicantes de lo irremediable, al mundo sordo de los diques, al hollín adentro 
del antro,  a la obediencia casi monacal de féretros.
Cuando uno ya está inventariado en los cementerios, no aspira a nada más, 
sino a formar parte de esa colonia de sótanos infinitos. A ese otro ruido de mar
sin fondo donde la somnolencia es otra catástrofe.
Aquí es la antípoda de la memoria alada, nada previsible ni siquiera a manera 
de prólogo, los contrastes de la fugacidad, los corderos crepusculares
de los trenes en pleno apogeo de los trasplantes ideológicos. (Total, uno acaba riéndose de esta herrumbre fiera de los sótanos, de cuya vagina vienen  paradigmas siniestros 
de apiario intraducible.)
Uno tiene razón del tráfico disperso que existe hoy en día, del golpe de pecho
y los vahídos: la piel, ahora, ha acumulado el sentido de otros caminos…
Barataria, 17.II.2016

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