viernes, 15 de abril de 2016

EQUIDISTANCIAS

Imagen cogida de la red




EQUIDISTANCIAS




Siempre igual la cárcava a esta oscuridad de destruirse en la eternidad.
Las mismas confusiones modulan las sombras de la luz, este tiempo dejado
al sollozo y al perenne sigilo, a la lengua de los vacíos.
Estos raros ojos en las sombras, ciegos de tantas conspiraciones.
Todas las posibles verdades están hermanadas con los funerales del incienso.
¿Será que siempre arde la memoria sobre las piedras? ¿Cantan igual las hojas
de las lápidas a  las de los jardines disecados con perennes osamentas?
¿Hierve una caverna como los brazos debajo de los reflectores quemados
Por el arraigo? ¿Hasta cuándo dormirá con nosotros las noche sin fatigarse,
sin dejar de ser la matrona de los callejones oscuros de la muerte?
¿Tiembla la lucidez o el aceite que la congrega?
En los días amargos se ahoga, en el fango de los espejos, las máscaras de polvo
de los transeúntes, el rocío quebrado por las inclemencias.
En las equidistancias, es lo mismo el dolor a la alegría: cada fuego desemboca
en las sombras ardientes de los ojos. A veces en el hueco del pecho.
Los tiempos que vivimos nos hacen un júbilo clandestino: una cerradura tras otra, dolorida de ceniza. Cada instante es una flor extraña.
En este diálogo permanente, ¿quedan intactas las palabras, la claridad
On también  la tormenta del odio? —Uno ya no sabe cuál sed es mayor al miedo, 
al nudo de los antros sobre los hombros y las sienes.
El caos nos embadurna hasta llegar a las profundidades del aliento.
(En el horizonte, sin embargo, hay banderas de todos los colores. De seguro,
el humo también goza de memoria, al igual que ciertas negociaciones a ultranza. 
La historia siempre resulta ser una funeraria de dudoso talante.)
Barataria, 19.III.2016

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