viernes, 29 de abril de 2016

HORA INDEFENSA

Imagen cogida de marcosoto34.wordpress.com





HORA INDEFENSA




En el tapial del día los relojes escriben su propia historia, igual que los espejos,
y la fábula que no claudica entre nosotros.
Existen muchas voces subsidiarias del filo que gruñen entre las sombras 
demacradas de la penumbra: la irrealidad ha llegado a su punto  de máximo 
estertor y decrepitud;  de pronto, sólo hay analgésicos para suavizar el fierro
de la brasa, o los delirios de altar mayor.
Muchas de las horas del día se hunden en la penumbra de los roperos.
Muchos colibríes empluman el tiempo en los periódicos.
A menudo los epitafios parpadean alrededor del tafetán negro del delirio.
Sobre alguna ventana, las demencias con su carpa de potestad inclaudicable.
(Uno siempre se quiere aferrar a alguna caricia. A ciertos ojos, a cierta boca,
a ciertos brazos como enormes sinagogas de girasoles.
Uno enloquece ante lo inminente de los imaginarios, ante lo inagotable
que parece el pájaro de los juegos del esplendor. Uno muerde escamas y huesos, 
y calendarios de encorvados paraguas.
Uno nunca deja de ser rumor, o dolor, o fuego, o llegado el punto, respiro fatigado, sobreviviente de cielos de piedra.)
Sólo se puede vivir o morir.
Cuando las aguas llegan al cuello destruyen la garganta: escapan las palabras
de la superficie. Es extraña la piel que quema en la noche, mientras los perros aúllan bajo los ojos oscuros de la melancolía…
como el agua, el puñado de desnudez mordiendo las criptas del pálpito.
Barataria, 29.III.2016

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