miércoles, 13 de abril de 2016

VIENTO DEL DESVELO

Imagen cogida de lanausealaboratorium.blogspot.com





VIENTO DEL DESVELO




En los altos pinares del ojo, la llaga redonda de los trenes del insomnio.
Siempre será una especie de alambrada colgando de ventanas.
Los ecos a la distancia aúllan entre los dientes: no hay brújula para sostener
los encajes del país, ni morral para guardar la abundancia de saliva.
Con tanta dosis de desvarío se desvanecen los candiles, el ojo de la cerradura,
la densa acechanza de las mochetas.
A veces hay que morderle las axilas a los rincones deshabitados.
Grito, rio, huyo del costado de las hechicerías, me alejo de la muerte
y sus complicidades, de los jadeos febriles del olvido, del rasguño de eternidad
que tienen los lavatorios, o del golpe del luto que juega a inocencia.
Zumba el tizón del viento alrededor de mis costados.
Entre el sonambulismo y el desvelo, se ven los crímenes fundidos en el umbral,
y la tempestad fosforescente de la caverna
y las apariencias de los rostros desfallecidos en la sal del abismo,
y los nombres decapitados por la dentellada.
Uno camina a riego de todo alrededor de los sueños, invadido por ruinas.
Para cavar en el grafiti de las paredes se necesitan muchas plegarias y rituales,
supongo que con escapularios y agua bendita, con las uñas largas por si acaso.
Detrás de toda la escarcha de las sombras, el fluir incesante de las criptas,
y la vena rota de la herida con vocación de ceniza.
Uno no sabe —por cierto— cómo hacerle frente a las adversidades.
Barataria, 17.III.2016

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