domingo, 8 de mayo de 2016

DIGRESIONES

Imagen cogida de la red




DIGRESIONES




Un grito incesante en la sangre, un acaso de islas y hojarasca, una herida prolongada como si en mi sombra creciera a perpetuidad la muerte.
En el sonido de la noche se diseminan los oscuros hierros de la cárcel, el fondo 
de piedras sin anteojos, como el agua ciega, extendida de los golpes.
─Y no estás. Y no vienes. Sólo la tumba vacilante de las penas.
Sólo el escalpelo negro del grito.
Sólo los callejones ateridos de los poros.
Sólo el vinagre y los paraguas colgados del infinito como espantapájaros.
Sólo las semanas sin ombligo y con desgracias y cansadas de calles estrechas.
Sólo el cadáver enjuto de mis manos: la sombra pálida del aliento.
Sólo los dientes del desvelo mordiendo los jirones de trenes en las sienes.
Sólo el sexo de la tinta y sus rodillas de obligados búhos.
Sólo las aguas sin paracaídas de los abrazos.
Sólo las cucarachas sumidas en los excedentes de los manteles.
Sólo lo silbido acurrucado de la boca, el fermento de los escapularios.
Sólo estos largos sahumerios de la disecación.
Sólo la plegaria ante las astillas de la demencia, lección muda de la piedra.
─Siempre nos desarma la conciencia con sus mendrugos, el jabón de metal
de las intemperies, la ternura obligada del petate o la acera con esparadrapos.
Debajo de todas estas lunas rotas de la salmuera, la ceniza como las agujas
de este tiempo de oprobios: los fluidos a borbotones de la noche como sueños.
(En algún sitio, mientras camino, los espejos con su abecedario oscuro;
o los candelabros de la caligrafía, al punto de parpadear en el ahogo.
También en mis inviernos es nefasta la uña del ojo ciego. El crimen me muerde 
con sus pulgadas de goterones.)
Desde la ventana, los huesos se adentran en mis ojos…
Barataria, 07.IV.2016.

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