domingo, 1 de mayo de 2016

DISCURSO PARA CIEGOS

Imagen cogida de rionegro.com.ar





DISCURSO PARA CIEGOS




Mientras la neblina venda las calles, hay necesidad de deletrear las palabras.
Cuando el fuego subterráneo quema los zapatos, los siglos de saliva descarnan 
los cristales, esa otra ceniza previa a los delirios.
Al parecer las palabras son el grifo para darle vida a tantos epitafios.
Los ofrecimientos del frío son como los brazos tetelques en cenagosas floraciones: 
existe un sumario de túneles mordiendo el tiempo.
Sobre la boca del orador pasan flotando consagrados moscardones: todo vuela. 
¿Duermen o están dormidos como para no ver lo dispuesto en los manuales,
y en estas distancias cada vez mayores para el olvido?
Cualquier brote de verdad es antisistémica; crecen las posibilidades de usar muletas 
y santificar las amarras.
Detrás del telón no se ve quién toca la música del horizonte, ni las linternas,
ni quién sube al tejado para inclinar la balanza.
Ciertos son los balanceos tortuosos del discurso, la profundidad de las aguas para agarrar cangrejos con el trasmallo de los slogans.
Habrá que darle nitidez a la farsa y canonizarla sin mayores pretensiones.
Así lo leí hace siglos en los evangelios del dolor, debajo del granito, aparece,
toda la solemnidad de esta parábola de los zumbidos.
A la ebriedad de siempre nada es imposible: se amplifican esos extraños imperios 
del alfabeto, esos constructores del camuflaje.
─En un lugar de monotonías, cualquier forma de existir es un posibilidad real.
Sí, ─ lo sabés y yo también lo sé─: a menudo la oscuridad se torna costumbre.
Barataria, 01.IV.2016

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