jueves, 16 de junio de 2016

TRAS OTRAS HERIDAS

Imagen cogida de flickr.com





TRAS OTRAS HERIDAS




Tras otras heridas, el ojo o el destino en el barco de la almohada.
Uno aprende a bracear, después de todo, siguiendo al pez azul del asombro.
Mientras hago mi recuento, aparto las ojeras del luto, dejo que el relincho
siga su propia línea y prolongue los zapatos.
(Un día se cansarán de desvestirme sin decirlo. Avanzo no obstante y al hacerlo
curo esas otras heridas del tiempo; jamás me quedaré ciego, sino es porque
la sombra predestinada así lo disponga.
Aun no es creciente el cansancio en mis costados, ni el párpado cae curvado
al suelo, ni el murmullo o la carcajada me perturban.
Existe la luz alta, la que en cascada cae sobre los tejados y mis sienes.
A veces callo sólo para entibiar mi sed de mundo.
Soy como la tinta que tiembla en las manos frente a la hazaña del poema.
A menudo me toca caminar entre sombras, puertas, humo, alfileres.
Procuro caminar sin que me vean, sin que mi aliento se endurezca en la calle.)
A veces todo es cuestión de sombras o espejos.
Entre los tantos ojos y sed, uno logra entender el curso de la historia.
Siempre el camino supone abrir otras compuertas y concavidades.
Siempre ha sido afán mío, nombrar el horizonte con mi boca.
A veces la noche atraviesa la deshora de mis palabras, el aquí del mundo:
hay una lucha incesante por quitar la opacidad de lo oscuro.
Y, en ese afán, nunca dejo de caminar sobre los cráteres de la respiración.
Barataria, 02.V.2016

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