viernes, 22 de julio de 2016

ECO DE LA NOSTALGIA

Imagen cogida de aleziami.wordpress.com





ECO DE LA NOSTALGIA




Para Pere Bessó y Gregorio Muelas Bermúdez




En esa otra parte del poema en cuya página transformamos lágrima y cierzo,
hay ojos oscuros como el asco y los vacíos provocados por el desvelo.
Uno se arrima de espaldas a las paredes sólo para mirar tantos imposibles
y que la piel suture las heridas provocadas por el grafiti.
Salpicado de bestias y fotografías, las tantas colillas desabrochadas del tabaco,
o el pulgar de piedra suelto del infinito.
Al lado del grito del pájaro, los excrementos disecados del paisaje, ciertos simulacros 
y la desproporción del día en la boca: uno intenta salir ileso
de los andenes, salir de los afilados dientes del calendario, ocultar los relieves 
del páramo en el cántaro de barro donde se encuentran simplemente fósiles.
Resulta arduo el más acá de los encajes mortuorios del hastío.
Siempre me pregunto qué hace un loco contemplando los platos y tenedores
con el ápice de su desaforada carcajada,
qué hace del centelleo de las luciérnagas un rascacielos, o un fuego de números ahumados por la niebla despedazada de las calles.
Del otro lado de las miradas, el castillo de naipes de los adivinos
y sus truculencias, el pacto de las costurerías y los espejos, o los espejos solos
y su historia de ventanas grises.
Uno, ─por cierto─, sigue caminando alrededor de las antinomias.
(A menudo se repite el mismo puñito de sombras como dioses sedientos
de universo; en la escena decapitada de la fosforescencia, algún fuego
como piedrecilla en los ojos. Déjame aquí junto a los ecos de la nostalgia.)
Cada sombra tiene caras ilusorias, nombres que nos golpean hasta
el cansancio de lo desabrido. Mañana, sólo, la rebeldía del poema y su filo.
Barataria, 2016

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