domingo, 10 de julio de 2016

HILVANES

Imagen cogida del bol de Ana María Chiquito
 (elhabitatdelaspalabras.blogspot.com)





HILVANES




Mientras descanso del invierno, una almohada de tristeza se apodera
del tiempo. (Supongo que no hay inocencia en la miseria, pobreza, injusticia,
ni un tren que derribe las paredes sin ser trompeta.)
Hilvano papeles viejos como mis manos de cansados silencios tal ese repentino
 litoral apretado en la piel: la pulsación denuncia el cuerpo de la escritura.
Existe un aluvión de pespuntes en la escoria formada en los dientes.
Alguien desde cierta oscuridad estridente, devora los hilvanes que dejan
las navajas, la proximidad laboriosa que nos dan las arañas,
o en todo caso, el sordo aire rastrero de los insectos.
La sombra de la aguja capotera, hace del aliento trapos descoloridos,  
y despojos donde flamean bañeras para paralíticos y cuervos de hilarante 
obscenidad e insomnios irreparables.
Uno va mordiendo la hojarasca que se revela contra el cielo.
Sea el poema o el espejo, vierten allí, todas las miserias y sus caminos oscuros, inmundos, detenidos apenas por degolladas sombras.
Hay hilvanes que son interminables como la corona de espinas y su rudimento.
Nadie apacigua el galope ante el paisaje de frío que muerde el búho.
Uno acaba siendo la alegoría roída de la niebla,
el número impar de los escalofríos, o el simple vómito de lo implacable.
En el próximo viaje de los murciélagos, las palabras rectangulares del futuro
y su variante de aguas enfurecidas y su gran sueño de saliva.
Por si alguien lo duda, los hilvanes resultan ser más expresivos que los peces,
los trenes, los chuchos callejeros o el ave que mutó y ahora berrea…
Barataria, 2016

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