miércoles, 13 de julio de 2016

TRAVESÍA DE LA LUZ

Imagen cogida de la red





TRAVESÍA DE LA LUZ




Es cierto que no cabe en las manos como las migajas que sobran en la mesa.
Trenes de luz devoran el tiempo al igual que los sombreros rutilantes
del porvenir; gira sobre el confín el pozo de la conciencia.
Uno ve en el horizonte toda la fuerza de las miradas  que atraviesan el caos,
los secos brazos del color, las noticias que cambian rotundamente el paisaje.
En cada ventana se hace presente la anemia de los párpados.
En cada avalancha de luz, las oscuridades visibles del vacío.
En la ebullición de los despojos, la acuosidad del cuerpo en las esquinas.
En la luz de la deriva, hasta el sexo se nubla en perspectiva: todas las calles
se asoman a lo extraño, a los ángulos que forman las telarañas,
al disfraz que nos muestra la hipotenusa de los murciélagos en su apoteósica 
polución de vuelo incierto. El perro del escombro lame los zapatos.
A veces todas las sombras se nos iluminan de lejanías.
Ganamos o perdemos en las vestiduras del fuego.
Debajo del cuerpo la tierra hace visible sus interrogaciones, los trenes ─digo─ confundidos del deshielo, las formas diversas que atraviesan los sueños.
Durante pasan las aguas amarillas de la certeza, la lluvia borra mi itinerario;
y vacía el pecho de su copioso aliento y de sus nudos ciegos.
Cuando de nuevo la luz atraviese todo el sendero de las sienes y la memoria,
le habremos quitado ─quizá─todo el moho a las palabras.
(Entonces serán las dos manos juntas, una sola fuerza para desvelar el misterio.)
Barataria, 21.V.2016

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