domingo, 28 de agosto de 2016

A MEDIODÍA, SOBRE GIRASOLES

Imagen cogida de la red





A MEDIODÍA, SOBRE GIRASOLES




Sobre las espigas desvanecidas de la eyaculación, la saliva y los estornudos
de los girasoles, el desvanecimiento súbito del aliento,
los patios amarillos de la salmuera sobre cada girasol tendido en la peineta
del mediodía, devasta la incandescencia del horizonte, y su centenar
de hemisferios girando alrededor de las pupilas.
En el falso espejo de los eclipses ahogados, el eco indefinido de las moscas muertas 
y su atormentado abdomen, y su vuelo de sol ardiente.
A mediodía, sobre la contorsión  del cristal hinchado del viento, el grito ciego
del jadeo a la luz de los zapatos desandados: abajo los descensos y los pequeños 
insectos con su filo mordiendo la geografía,
esa otra región indeterminada de los orgasmos donde palpita el pabilo.

Todo lo irracional es una voz seductora, una tempestad inolvidable.
Ahora o después, pintamos los relojes mudos del mediodía en declive.
En el ruidito que hacen las palabras, el aroma de selva del color, el oro
de la fiebre, el mimbre musical de los poros en plena faena.
El mundo es todo lo que caminamos incluyendo la cerradura de la noche,
los ahoras eternos en los anillos de los ojos.

Casi quedan colgadas todas las tiras de los pensamientos en el espantapájaros
oscuro de la sed: allí todas las viscosidades de la patria, el lomo mísero;
abajo, la página del océano, todos los pétalos abiertos para desangrarse.
Adoro esta depredación parlamentaria, sin derogar  la ley de inquilinato.
Los párpados se ramifican en cada convulsión del fuego…
La eternidad, por cierto, es sólo para las estatuas y el viento.)
Barataria, 29.VI.2016

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