viernes, 26 de agosto de 2016

MIENTRAS ESCRIBO

Imagen cogida de la red




MIENTRAS ESCRIBO




Desciende al vacío la respiración impregnada de cansancios, el camino
abajo de los desenterramientos, las esquinas amontonadas del polvo:
alguien ríe, después de todo, con los ojos engullidos de la misma oscuridad.
Uno se estriega las manos como para invocar un poquito de esperanza.
Ahora el horizonte supone otras hazañas, no menos cherches que las encías,
no menos moribundas que los adioses.
Durante las mañanas cruzan los ojos fríos ataúdes y viejas ansias
del tiempo fenecido: uno no le puede ganar unas monedas al abandono
y al destrozo, al ojal demasiado crecido de las aguas.
(A menudo, nadie responde cuando también mueren ciertas palabras:
la palabra misericordia, por ejemplo. Suelen ser tristes y amarillos los abanicos
que soplan en el viento, los inciensos impregnados en la historia.
No creo en la sombra del árbol, sino en la órbita magnética de los amuletos,
en la limpieza no proscrita de la ropa.
En el fondo, sigo sin decir palabras, sigo quitándole la costra a la saliva y sacando peces 
de la tinta y hurgando en el ojo de las esquinas.
Es difícil, pienso, estar muerto frente a unos brazos que uno quiere.)
A menudo, las sombras se internan profundamente en los ojos: toda una vida
en marcha siempre, arrastrando zapatos y pestañeos,
abandonándose uno a la suerte hueca de las semanas, donde nadie importa
a nadie, salvo el ijillo que provoca la desnudez de lo notoriamente viciado.
Ya alguien me lo había advertido: nada bueno hay en los caminos…
Barataria, 28.VI.2016

1 comentario:

Marta Raquel Zabaleta dijo...

Entiendo que antes de ayer ha sido lanzado su último libro, y le felcito desde el desteirro, mis saludos cordiales.