lunes, 1 de agosto de 2016

REESCRITURA DE LA DISTANCIA

Imagen cogida de la red






REESCRITURA DE LA DISTANCIA






Para detener mis ruinas, es necesario pensar en la reescritura de las distancias,
saltar sobre la noche de las peregrinaciones mudas, morder la calle desierta
de los deseos, buscar el susurro en la densidad de la memoria,
masticar, acaso, los residuos de las alcantarillas.
Debo pensar en tantos rostros, cansancios y desapariciones forzadas.
(Debo pensar en vos que aborrecés mi orfandad, en algunos nombres inmóviles
de oscuridad, tal vez en las esquinas líquidas de las palabras,
en esa cópula arruinada por los recuerdos.
Quizá debo pensar en los escombros que deja el abismo, al igual que la escritura 
de los poros sobre el petate. Me debato en el filo íngrimo de mi locura.
El zumo de la niebla se hace líquida como la quemadura de  tinta en los ijares.
Debo pensar en cuántas veces deserté de las mordazas.
Todo extravío es como un país a  la deriva, paradoja de la luz.)
¿Qué artefacto de exterminio uso para medir la distancias de los océanos?
¿Hasta dónde llegan los huecos de mi aullido? 
Yo el aprendiz de distancias, animal de sonidos en medio de tus venas.
El zumbido de los trenes muerde mis pensamientos y así reescribo
entre los paralelos de las costillas,  las vocales exactas de tu cuerpo.
A veces sólo abro la puerta y allí estás discurriendo encima de la herradura.
Las aguas espontáneas invaden la metamorfosis de tierra verde oscura.
Acaso uno sea sólo señal de realidades ignoradas, tronco plural viento,
hacia la huella en fuga del sigilo. Mi ignorancia es mayúscula,
tiene piel y abandono y hasta una semejanza con la sombra de algún pájaro.
Barataria, 2016

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