domingo, 7 de agosto de 2016

ÚNICO ARCO IRIS

Imagen cogida de la red





ÚNICO ARCO IRIS




El único arco iris en estos días es la desesperación. De hecho, en la línea
del tiempo que hemos trazado, sólo nos salvan las ausencias y ese crimen
sin jubilarse de todos los días.
La retórica del paisaje se ha tornado algo sórdido: el viento es una tragedia hostil 
sobre la patria nuestra (un decir para opacar las devastaciones, un estirar 
los intestinos del alma, un universo devorado por las falsas inteligencias,
quizá el polvillo brotado de tanta metafísica, sin que nadie se atreva a impugnar 
la memoria histórica, o las mitologías morales del civismo.)
La esperanza es una enfermedad obscena en descomposición: en el fondo,
es la muerte y sus pronunciados dramatismos, la andadura incierta
de las sombras, los juegos desabotonados compulsivamente del terror,
la alegría miserable sometida a ciertos umbrales.
Hay alguien que vive con el deseo diario de morder o aniquilar al adversario.
(Se aprende de las prácticas onanistas del poder, de esta lucidez deplorable
y acalambrada que dura veinticuatro horas diarias.
La esperanza entonces se torna irresistible, embrionaria, inefable y, de seguro,
hasta imponderable. Alguien puede sacrificarse o inmolarse,
desfallecer enajenado como la espuma, repasar los horizontes que resbalan
en las pupilas, o encerrarse en el frío de su propia muerte.)
La lógica es que uno se apropie de lo irremediable y sea feliz al descenso
del bajo mundo: claro, se trata de un juego al galope a juzgar por el pisoteo.
En estas esferas persuasivas de la infamia, no hay abstracciones, el poder
es ese extravío oportuno de los razonamientos, la obra vacía del absoluto.
Barataria, 10.VI.2016

No hay comentarios: