jueves, 1 de septiembre de 2016

EBRIEDAD DE COSAS

Imagen cogida de la red






EBRIEDAD DE COSAS




Bajo ciertas circunstancias, el ojo enjaula todas esas postrimerías de las esquinas,
los sombreros irremediables del papel periódico, los recuerdos que allí,
estiran las amarillas monedas de la memoria.
El eco del último tren abre las puertas y candados de lo ininteligible.
En la sangre de la herida, casi nunca hay piedras inocentes,
sino un bajomundo de sudores y explosiones, de durezas como el golpe
del fuego en el juelgo, como el crimen después de desertar del país.
Para reconocer a los muertos, es necesario asirlos de la mollera,
o del cordón umbilical de las carnicerías.

Siempre las desgracias caminan haladas de la boca sepia del viento.
En algún lugar uno juega con la lengua del césped.
El otro yo redondea las quemaduras de los relámpagos.

En adelante daré por cierto los girasoles ahogados del paraíso y sus huéspedes.
En la respiración despedazada de la fatiga, resbalan las cascaras
del pensamiento y el doblez mordido de los minutos, y las rodillas agarradas
al pavimento:  da asco por cierto, el antro instalado de los conciudadanos.
A menudo es preferible vivir en la confusión consuetudinaria,
resbalar en la apretazón del teclado del país, morderle la nuca a los ahoras,
ofrecer la voz de mañana para el olvido,
cerrar el cofre de los deseos y guardar la ropa íntima en el hueco de la bacinica.

(En cuanto llegue la medianoche, raptaré el polvillo gris de los ojos
y enterraré, por si acaso, la brasa de la almohada y le daré una zancadilla
al sofoco.) Siempre la ebriedad circuncida hasta lo indecible…
Barataria, 03.VII.2016

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