jueves, 29 de septiembre de 2016

JAULA DEL INSOMNIO

Imagen cogida de la red





JAULA DEL INSOMNIO




En ese zumo denso del insomnio, pareciera que no duerme nadie, ni el diente.
El sueño es una lengua muerta, cansada de abismos y ojos ciegos.
Sí, hormiguean en las sienes los pájaros más diversos del duelo de las esquinas,
esos gritos lentos y oscuros de las criptas, el aire confuso de los columpios.
¿Cuántas vidas vivimos debajo de la desnudez de la tormenta?
¿Con cuántos silabarios cuenta la historia?
¿De qué boca salen la asfixia y los tiliches amargos de la deshora de la ciudad?
¿Viviremos siempre en esa oscura tumba de la medianoche, entre el ciprés
y la lágrima, tatuado de vacíos y matronas?

En referencia a la albahaca, habrá mejores aditamentos para las axilas.
Cuando ya he cavado en el granito, las rodillas quedan mudas de golpes.
Alrededor giran las bisagras de los sombreros desangrados.
En la antesala de la herrumbre, todos los caminos colgando de los párpados:
Quizá haya necesidad de cambiarle nombre a los minutos, morder el afable 
aposento de las tumbas, limpiar los rincones del bostezo,
almidonar la flacidez de la caligrafía.

Nadie duerme mientras mastica sus propios demonios, nadie con salobres tatuajes, 
nadie con el mal de ojo de las torpezas.

Después la hedentina apadrina los recuerdos, casi como fuego o rebelión.
Debo suponer que los insomnios nunca son inocentes y cada quien tiene,
al final,  su recompensa: el ángel del pañuelo embriaga los ojos.

Como un doliente rostro, la espina redonda de la brasa en las sienes…  
Barataria, 2016

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