domingo, 25 de septiembre de 2016

MUEBLES TACITURNOS

Imagen cogida de la red





MUEBLES TACITURNOS



Pentru Raúl Constantinescu



¿Hasta dónde llegan las sombras debajo de la madera sorda de la espuma?
¿Desde qué silencio o calma, el diván frenético del aire, los goterones destartalados 
de la monotonía, o la oscuridad del aliento como una pared
de asfalto, delirante en su esqueleto?
Uno anda los ojos como los cuartones gastados de las semanas.
Delira el taburete del absurdo entre las calles rotas de las venas:
allí, en los espaldares, la polilla y sus vómitos secos y de pronto, fétidos;
dentro de la madera, los clavos seniles y la impotencia, más que evidente.
Llevamos en estos atolondrados muebles,
los arrebatos de extraños paisajes, los colmillos del miedo,
y esos peces inabordables de los disparos a quemarropa.
Mañana habremos de saltar sobre la tumbas de todos estos silencios.
La sombra del fango nos llega hasta el cuello, hasta los ahogos de la voz de Dios,
y de la derruida asfixia de las osamentas.
Entre una cruz y el moho, prefiero las moscas, hacerle trencitas al césped
de las palabras, apurarse uno en la levitación de la deshora.
Cada quien tiene los días contados, el ojo no escapa de este hecho insólito,
pero necesario a fin de cuentas: perece el corazón y los brazos salobres, disgregados 
del misterio, perecen los canceles mientras son castrados,
perece el hervor nutrido de los gusanos en la sal temprana de la lágrima.
Luego, toda la armazón de la voz queda con calambres de un hemisferio
al otro, hasta desvanecer las ojeras torcidas de las dicotomías…
Barataria, 26.VII.2016

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