sábado, 17 de septiembre de 2016

SURTIDORES DEL VÉRTTIGO

Imagen cogida de bellezapura.com





SURTIDORES DEL VÉRTTIGO




Hacia los candiles la lengua espesa de la niebla y sus copiosos arrebatos.
El chorro de ojos cava hacia el horizonte sus aguas de oscuros talismanes.
Hay tantos litorales y noches que auspician el grito, nubes, manos negras
como signo de los tiempos, eso del ojo en las ingles del dolor.
Eso de la muerte y sus lágrimas de desayuno,
eso de las penitenciarías y sus litigantes, eso del tiempo y sus piedras,
de los bordes gastados de los zapatos, de las lámparas enmohecidas
y su precario pabilo de nudo ciego: alguien nos provee sangrientos harapos,
y cobijas de huesuda humareda, y avaras intemperies como para alcanzar
la lejanía, como para no simular el desalojo de otros espejos.
A menudo debemos cambiar de gestos según sea el vértigo. ¿Quién arranca
todo el grito de las paredes? ¿Quién acoge el silencio absoluto para preservarse?
Hay platos que sólo nos insinúan el hambre.
Hay sombras que muerden los goznes del aliento.
Todo el subsuelo reinventa todas esas lenguas desgarradas de las aceras.
Al roce con el pavimento emerge ese cántaro pesado de la esperanza.
Quizá, solo a quemarropa, la complicidad y su tajada de ceniza y su camino
de filo postrero y su latigazo de brama irresuelta.
Todo el fuego nos persigue como una furia: todo el coágulo de las cicatrices
en el petate de la conciencia. Todo lo disperso se reúne en el pecho.
Quizá hayan más surtidores, pero callan las baldosas el curso de sus bolsillos.
Vea usted que en los ojales se pueden desabrochar algunos caminos…
Barataria, 18.VII.2016

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