miércoles, 5 de octubre de 2016

CICLO DE EXTRAVÍOS

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CICLO DE EXTRAVÍOS




Resbala en lo irreal el ciclo de extravíos de las cicatrices: sobre lo permanente,
el repertorio de ceniza alrededor de los anillos de la noche.
Detrás de tanta piedra, el aliento en pena de las almas, las palabras
amuralladas de las ventanas, los brebajes de niebla en el camino.
Es casi ininterrumpido el pájaro negro  al ras de los lamentos del firmamento.
Ya ratos que no encuentro testigos, ni salidas de este emporio.
Al compás de tanta noche carcomida, la espesura del granito no cede,
ni una puerta que nos aleje de la tristeza,
salvo los universos fúnebres que uno rememora obligatoriamente.
Salvo esta humedad de ojos que uno presiente sin habitaciones.
Con todos los tiliches juntos, el hilo tardío de las crisálidas, o el tambaleo oscuro 
de los óxidos, las estrellas apretadas de aullidos.
Hemos llegado a un punto donde todos los rincones se encrespan,
donde los caminos arden de azadones y quedan pocos sueños y palabras
para el altruismo: cada quien tiene mesa para su boca, la existencia es así.
Desde la noche, allí, los silencios escritos de la piedra, el otro vaivén del día.
Siempre es el ojo el amedrentado en estos agrisados eucaliptos
del aliento: el cuerpo apenas se atreve a ser árbol, apenas rama azotada
por los vientos de la historia. Sobre el desván los pedacitos masticados
del reloj, el cadáver del cielo en los fuegos de una lágrima.
Dentro de algún armario, todavía hay movimientos sordos, los del país
y sus dispersas habitaciones, los abismos que de pronto desnudan la trama.
Barataria, 05.VIII.2016

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