sábado, 22 de octubre de 2016

PUERTA DEL DESEQUILIBRIO

Imagen cogida de la red




PUERTA DEL DESEQUILIBRIO




Nadie puede explicar, sino en el sueño, estos diarios desequilibrios en un país de constantes desfiladeros: alrededor de la colmena todos los sonidos
apiñados de lo adusto, los campanarios de saliva en su diaria ración.
Uno se ahoga en el infierno de la locura todos los días, (la eternidad solo es posible
 en los relevos del orgasmo, siempre que los genetistas hagan bien su oficio, 
y no vuelvan sádica la lengua, ni el fuego.)
El erario nacional ha servido para formar filas de tumultuosos bolsillos.
Siempre hay ramas densas alrededor del poder: escaramuzas y adulaciones,
fantasías que uno no se las imagina desde el silabario,
o desde la carcajada aviesa, o desde las ubres babeantes de la complicidad.
En la aldea una nube de jinetes se pasea con todos los ajuares: retumban
los ruidos de platos y manteles, parpadean las circunstancias; y usted, usted
con todos los silencios guardados para preservar nuestra superdemocracia.
De pronto, tartamudean las fidelidades y la turbiedad dulzona
de tanto desenlace: después de la cajita guardada con fotografías, se desvela
la razón del tiempo, toda aquella laboriosidad detrás de las paredes.
Uno vive arrinconado por todas estas imágenes del resentimiento:
pero no muere el insomnio, ni su tren de derruidos vagones, ni las distancias,
pues siempre resultan inasibles para nosotros que vivimos de este lado
de la obscenidad y el suicidio diario.
Cierta claridad es un negocio: cada día, es sólo la barbarie la que arrecia,
tal la masturbación desenfrenada de sumarle esquinas y paredes al manicomio.
Barataria, 21.VIII.2016

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