miércoles, 9 de noviembre de 2016

INTENSIDAD DE LOS OJOS

Imagen cogida de la red





INTENSIDAD DE LOS OJOS




Me arrimo a las paredes donde vegeta la determinación de los ojos.
Para mí, la herida es mucho más profunda que las transgresiones y las líneas
y códigos que trazan los amantes en su fábula de ardimiento.
(Un tropel de plumas me abre las posibilidades del vacío, sin que me asfixie
en los laberintos del grito. Me imagino los deseos infalibles del viento,
el breve pájaro de la penumbra, Dios, en todo este devenir de prehistorias.
A veces me sumerjo en la noche para anularme.
Lo único visible es la palidez del sinfín y lo descomunal que se atraganta en mí.
Antes de enfurecerme de recuerdos, incendio los arquetipos de la rigidez,
las alas del sombrero del malhumor, o el doméstico diluvio de la estupidez.
No quito las ventanas de mis ojos ni el juego de manos que esconde el olvido.
Siempre me van quedando los sinsabores en los ojos y el lento trozo
de párpados que llenan  la irrealidad de mis palabras.
El vinagre de los días ha vuelto cansada mi boca: desespero en la mirada
de los siglos, y en el cierzo artificial de la mesa.
¿Cuántos días hermetizan la putrefacción de este combate premonitorio
de chasquidos y estrechos anaqueles? Algo de los cadáveres nos llega
hasta el olfato: los días y sus oscuras transacciones. La gramática del miedo
en catecismos, el hollín angustioso y delirante de los cadáveres.)
A más de esta intensidad de ojos, la insidia publicitaria de la indiferencia:
no existe un camino opuesto al naufragio, ni una verdad para nombrarla.
Mis ojos en su caos, aguantan los demás ojos del árbol en queja…
Barataria, 08.IX.2016

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