lunes, 19 de diciembre de 2016

FORMAS DE LA ESPINA

Imagen cogida de la red




FORMAS DE LA ESPINA




Duele la mosca escanciada en el caballo de espinas del tiempo,
que llevamos hasta lo insoportable del terror: en la sombra del aliento
los comensales y su lanza de destino avieso.
Acumulamos gaviotas de dolor en la palidez del desmenuzamiento de los poros.
A veces es el verdugo contaminando los sueños en la almohada.
De pronto, es nada como un racimo de absolutos, como una rama a la espera
de un pájaro, como un manantial azul descubierto en las mañanas.
A veces es sólo juego de imágenes para engañar la vida.

No sirven las manos para detener su desabor, los modos hechos para sentir
el deseo; siempre habrá un estigma antes de lavarnos la piel,
quizá el solo espejismo de lo estrictamente humano,
quizá el descenso, aquí, irreconocible de los jirones del suplicio: siempre basal,
el sordo escombro de los nombres,
el instante donde se respira el abismo. Labra hasta abrir los desasosiegos.

Uno sabe que es nómada y que puede habitar en cualquier sitio.
Pulsa dentro del pecho, como esos viejos caracoles que se ponen al oído.
Nunca desaparece el peligro, ni su trote de miedo.

Igual que la asfixia, denso humo en la garganta, desoída tormenta, o desvarío.
Sabe presentarse como una jauría, no hay ventanas que valgan para evitar
el desaliento, ni lengua que desdoble los agravios.
Son tantas sus formas que las mismas no caben en ropa, ni en cuerpo…
Barataria, 22.X.2016

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