martes, 27 de diciembre de 2016

OSCURIDAD DESIERTA

Imagen cogida de la red





OSCURIDAD DESIERTA




Nada es como ese viaje a la oscuridad plena.  A la oscuridad desierta del aliento.
La piel, los ojos, en el purgatorio del insomnio. El abismo de la luna
y su rígido modo de ser osamenta y su cabeza de denso polvo en la mirada.
A veces sólo somos rehenes, trofeos, asteriscos de sus arterias ciegas.
En la frente las aletas de la noche y su abandonada pobreza.
A veces vacíos los reflejos de la ceniza y el camino donde la desnudez combate.
A veces mis ojos se vuelven inalcanzables frente al desabor de las sombras.
A veces niño trémulo enfrentado a tantas imposturas y engaños.

Me ahogo en la diadema abovedada de cada follaje, en la horqueta de la súplica,
en la fisura de la negación de las rendijas.
—Siempre me llueves como un tobillo en el sepulcro.

Entre las tantas musarañas de lo roído, los juegos de la sobrevivencia.
—Cada quien sabe que, en medio de la tiniebla, hay crudezas de manos
y fuegos y extravíos como estar vivo en el confín.

¡Tanta respiración signada por la oscuridad! Tanta nada hundida en el espejo.
En la negación forzada de la boca, somos igualmente idólatras o apóstatas.
Y hasta en algún momento, espíritus contritos y comida para chuchos.
No sólo la oscuridad tripula mis sentidos, también la intensidad envenenada
de la luz, todo el tiempo proscrito en el olfato, la penumbra en el país
de granito, las modorras que producen tantas armaduras.

Sin ver el alba, me queda únicamente hacerle cosquillas a las epifanías
y correr, si se puede, para alcanzar el ciempiés de la tormenta.
(Donde la oscuridad aparece avivo todas mis tempestades. Sos la cópula yerta,
o ese temblor pajizo en los dominios de mi lengua.)
Barataria, 30.X.2016

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