sábado, 24 de diciembre de 2016

PENSAMIENTOS AHOGADOS

Imagen cogida de la red




PENSAMIENTOS AHOGADOS




No sólo el cuerpo y las manos, sino todos los pensamientos en línea vertical,
Hacia la disolución total del pájaro de bahareque, ciego de vivir,
o ciego de ser sobreviviente en un silencio de ojos y de piel absolutos.
Sobre la marcha los esqueletos de los paraguas sustraídos de ese extraño
sitio de atrios infinitos. A ratos uno siente que se quiere perpetuar
la salmuera, el humo licuado de los gritos,
y ese guacal de telarañas como un gusano enrollado en su viscosidad natural.

Tartamudea frente a mis ojos el lenguaje descolorido de la tartamudez.
El hilo de saliva trasluce el largo féretro de los abanicos, mientras alguien
se ejercita hacia dentro como un atisbo, acaso, para lograr su silencio.
Otros habrán de claudicar en el camino junto a los candiles, junto a esa doctrina 
incierta de la realidad que sólo cuenta con paraísos perdidos y diafanidades
subyugadas o ilegibles, miedos, y la certidumbre de las manos vacías.
Crece el deseo de ser oscuridad.

Crecen los carnavales y las carrozas, los servicios fúnebres y los cementerios.
Son grandes los flecos de saliva que emergen de la televisión.
(Me dicen que hoy en día hay silencios pagados y extrañas novedades.
Siempre está a quemarropa la crudeza de las calles, el espejo de la huida,
o esa sagrada verdad que al decirla, puede ser objeto de delito.)

Hace poco no eran reticentes los tableros del camino.
Alguien desde los flecos consabidos del hollín, carraspea en su anatomía.
Barataria, 2016

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