lunes, 29 de febrero de 2016

EXCAVACIÓN DE LA PENUMBRA

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EXCAVACIÓN DE LA PENUMBRA




Excavo el terraplén de las gavetas del insomnio y allí, los huesos irascibles
de la historia, el equívoco apoteósico hasta el último hangar del granito.
En la penumbra exactamente, la edad del extravío y el diluvio de sequedad
que atraviesa boca y pálpito.
Del otro lado de la fosa, ya no quedan imaginarios, sino la arqueología
de las luciérnagas o el pulso del pez petrificado en la solapa de la noche.
(Hablamos a menudo de verdad y de verdades, ¿acaso no las conocemos,
o es mero clisé el habla entre sepultureros? Unos agachan la cabeza
sobre su tumba, y entre el moho, hacen juicios y atascan de saliva el alma
del demonio, llenan las aceras de cachivaches. Uno dice hasta cuándo,
hasta cuándo las sombras y las tumbas sin identificar sus nombres...
Me harta, —me dice alguien con dejo de desencanto y recriminación—
eso de historias paralelas en nuestro país. Mientras sigue la perorata del poder,
es horroroso cómo se engangrenan y oxidan las voluntades en la zambullida
de la almohada y en los garabateos del murmullo político.)
—Nosotros seguramente como resultado de esta catarsis de abnegada ficción,
seguiremos destinados a la escritura. Uno no entiende tanta discusión
absurda, en tanto,  los huesos de los desaciertos se hacen polvo.
Debajo de las alambradas del aliento, vos y mi soledad profunda, mortal
en la enredadera de la penumbra, diversa y única como una melodía efímera.
Dentro de lo excavado, la rama del escalofrío en las manos, la pulsión de luz
que se levanta desde los cementerios, la rosa de tierra de la memoria.
Barataria, 2016

sábado, 27 de febrero de 2016

LA EXTRAÑEZA DEL ABSURDO

Imagen cogida de cortosfera.es





LA EXTRAÑEZA DEL ABSURDO




Entre otras posibilidades
He escogido vivir He escogido
La extrañeza el absurdo la complejidad la sencillez
El dolor La compasión
La soledad la multitud de vivir
Roberto Fernández Retamar




Son muchos los absurdos que transpira mi aliento, muchas las ausencias
de la inclemencia en el tiempo. Atardecido el mimbre de la desnudez.
Muchos son  los que aún despiertan con su mea culpa y por eso muerden 
las sombras y los fuegos de la noche: jamás llenaron los vacíos de saliva,
ni pudieron vivir en su propio abismo.
He abierto las ventanas para romper el fuego inasible de las tantas gargantas
desnudas en la ceniza: a veces la lucha es férrea como la de los zopilotes,
o el ave de carroña de la mendicidad.
La locura de hacer grietas en el páramo tiene su propia naturaleza.
En la ciudad de aquí y la de allá, no cambia la sombra del aliento, ni los ataúdes,
ni los purgantes del sueño.
—El tiempo será el mejor testigo del porqué de la tristeza acumulada
en la almohada, de los temores y los agravios. (A mí no me preocupa esa delgada 
piel de los catálogos, ni llegar al límite de la escritura, ni tener la idea
de que uno no existe, o que le niegan la existencia.
En la lección de la constancia, unos se han marchado, pero han llegado otros.
De pronto, esas sombras entre líneas del aliento, son el espejo transitorio
del equilibrio: alguien habla ciego de tiempo, de historia, —ese alguien ha perdido 
llaves y cerradura y se desvanece en su propia apoplejía)...
En un diluvio de féretros no se puede purificar el pozo macabro
de la embriaguez, ni embalsamar las viejas consignas de los molinos de viento.
Barataria, 05.II.2016

miércoles, 24 de febrero de 2016

RESQUICIO DE SOMBRAS

Imagen cogida de marcelocaballero-fotografia.blogspot.com





RESQUICIO DE SOMBRAS




De pronto buscamos oficio en el resquicio de las sombras. Y danzamos, claro,
alrededor de la redondez de la sal. Uno no sabe si un día dejará de ser luz
la oscuridad y su edad de desvelos transpirados.
Quizá haya desapego, casi visceral, al vestigio, a la rosa de ceniza de las criptas.
Uno no lo entiende por más que limpie los lentes de la angustia.
Alguien desde la cobija de polvo, maquina el hervor de su propia desnudez.
Cada quien, —sin embargo—, amanece entre las sombras ardorosas del infinito
y el doble aliento salobre de los andenes.
Después de toda la humedad de pañuelos pulsantes que hemos tenido,
uno esperaría que el terror desaparezca, que desaparezcan el subsuelo junto
a los sótanos y la oscuridad corrosiva de las vísceras.
(Uno esperaría un puchito de agua en el pocillo de la misericordia.)
—Como un redoble de panales el río de comensales oscuros alrededor
de los flecos de la saliva, sin más fluir que el estertor de los taladros.
Resplandece aquella figura oscura como el tiempo entrelazado en los dedos
de la impaciencia: hablan desentonadas y graznan etéreamente las bocas
gentiles en el yogur. En la rama del poder, es de suponer que los fríos desaparecen aunque sea momentáneamente. (Allí la rigidez es tal que nadie
se atreve a desafiarla); de eso, —claro—, existen innumerables referencias.
El resquicio, quizá sea una forma de guarecerse uno, del chapoteo de otras
bocas y otros ojos: ahora entiendo tantos vacíos y tantos golpes en la puerta.
—Uno procura estar siempre despierto, sobre todo cuando la marea
es cercano río igual que los desatinos insustanciales de las máscaras…
Barataria, 2016

lunes, 22 de febrero de 2016

ANDENES DISUELTOS

Imagen cogida de la red




ANDENES DISUELTOS




Mis manos deshechas en los goznes de los andenes, los cascos de los ecos
y esa suerte de ciénaga de cuervos, y esas gargantas con piojos y liendres
disueltos en envases de Coca-Cola.
Silban desnudos los sueños explotados, mientras el insomnio se torna embutido
en cajas destartaladas de cartón: todo es de jerarquías y tentáculos.
El disfraz, —de pronto nos devora—, con carcajadas todas de lujuria.
(Sin duda es necesario rendirle culto a las arcadas de lenguas flamígeras
del alarido. De hecho ya nos hemos acostumbrado a esa rosa de clavos y chunches 
de la esperanza. A los varejones amarillos del desamparo, al sombrío
templo de la falacia, o al espejo humeante de las antípodas.
Uno quiere limpiar la ciudad con los calcañales, rociar con fuego los extremos
de las hostias, despojar los diversos clientelismos a puro salmo y proverbio.
Hemos vivido todos los escenarios ecuestres del desastre.
La cuchara del alfabeto no da para tantas buenas intenciones: la Seguridad Nacional 
es sabiduría de locos: se necesitan más camisas de fuerza
para atrapar la furia de los huracanes. La cobija de la vehemencia debe ser para 
atrapar la sed, amar al prójimo en la dirección correcta.)
Hay que buscar en los huequitos del país dónde están los comejenes o espiar desde 
los horcones del infinito, ese otro follaje diferente a la medianoche.
Quizá de nada valga perdurar en la fe ciega del rocío, en los buenos propósitos,
“precisamente con ello la cordura habrá perdido toda su dignidad.”
Barataria, 01.II.2016

viernes, 19 de febrero de 2016

EPISODIOS DEL DÍA

Imagen cogida de bricolaje.facilisimo.com




EPISODIOS DEL DÍA




Delante de mis ojos cercenados los ásperos andenes de los espejos del tiempo.
La conciencia como las paredes desintegradas en la orina, ese otro yo
desvelado del instinto que maquina todas las atrocidades del fuego: nada deja
en pie, sino los trocitos de esperanza sin antídotos.
A veces me deja en silencio el ojo ciego de los andenes: la carcoma desteñida
de los miedos, los cántaros derruidos por el caos, el hacha y su oscura corbata
líquida. (Me quedo absorto dentro de la órbita mortuoria de los orgasmos; levito 
en el abismo de los discursos presidenciales; a menudo, —me harto, también—, 
del pez seminal serpenteando en el desequilibrio de la abstracción.
Sí, siempre escucho hablar del infinito. Será que mi precocidad requiere
del maestro del psicoanálisis. Me hablan de la eternidad. Yo ya sangré hasta habitar 
lo irreconocible. Me hablan de desnudez. La mendicidad nunca se evaporó, 
está en mis tiliches y en ese otro fuego donde no tienen cabida los velorios, 
sino la hondura de la puerta.)
Uno quiere abrir las manos y se queda en los monólogos.
Uno sangra al desvestir los ojos, sangra de inodoros y esparadrapos.
Uno sangra en el espejeo de las fotografías familiares, sangra frente a la noche
y sus misales, sangra de coraje y de grafiti.
Hoy me agarro del irascible palo de jiote; dejo, —por supuesto—, que supuren
las esquirlas y que al final del día, no se imponga la tortura, los electrodos,
ni la farsa: a lo largo del camino, existe un juego que jugamos todos…
Barataria,2016

miércoles, 17 de febrero de 2016

SINTAXIS DEL CAMINO

Imagen cogida de knillita.wordpress.com





SINTAXIS DEL CAMINO




Uno combina brújula y tiempo para darle sentido a los zapatos. —Quien anda
a la deriva, no encuentra el otro lado de la fábula, sino un renglón confuso
de engaños: extenuados asumimos las faenas de la esperanza;
ahogamos la piedra de la oscuridad en los expedientes dolorosos del ojo.
En la proximidad con otros rostros, el calendario nos adentra en sus huecos.
Hay esquirlas, todavía; y sintagmas como un cordel de abejas bramando
en los oídos, casi como cascos rompiendo vitrales u otras noches dentro
de su albor oscuro: caminamos, cierto, agarrados de las manos de la orfandad,
mordiendo el petate confeso de los círculos.
Ebrio el desorden que quema los sueños, donde ni siquiera se sospecha
esa sensación de vacío de la ceniza en el cuenco de los ojos.
Abierto el alero de los nudos, uno quiere desandar y darle respuesta a quien
clama por la cura, —esa cura al miedo y a la bruma que garabatea en las sienes.
Ante la castración del lenguaje, apenas quedan epitafios y brazos duros
de ausencias y galopes de grifos subterráneos.
En aras de una ventana en el firmamento, debemos quitarle las muletas
al parpadeo y romper la metamorfosis de los cementerios.
¿Hay necesidad de un bastón para sostener la hogaza de las semanas en plenas
sonrisas castradas? ¿Quién delata los resuellos del aleteo?
En las axilas, el lenguaje húmedo desgastado de los zapatos: la metafísica
del odre entre los peñascos del pensamiento. Hay que suprimir los dictados…
Barataria, 2016

lunes, 15 de febrero de 2016

YO SÓLO ESCRIBO

Imagen cogida de taringa.net





YO SÓLO ESCRIBO




Nunca le hago mal a nadie. De las esquinas de las semanas resulta la desgracia.
La vida no es segura cuando hay muchas calles por recorrer.
(Y sin embargo, me entretengo en algunas historias de Virginia Wolf, en poemas
de Vladimir Holan), siempre existen extraños espectáculos como el pájaro
que se desvanece en la memoria: en ciertas regiones de la opacidad, el crimen
omnipresente en los delantales raídos del horizonte.
Centellean ruidos de excavadores en los tejados. Gritan las sombras posesas
en el musgo y el follaje; muerden, entonces, tantos ataúdes la boca.
Siempre amanece con los remanentes de una noche agria y brumas espesas
a la altura de los ojos.
Yo solo escribo en esta noche de niebla todos mis recuerdos: y, en este punto,
necesito pensar en los silencios, quedarme en el silencio, reclamarle a mi edad
las tantas eyaculaciones perdidas en el grito de no sé qué equívocos.
La historia es más que unos  brackets en la geografía de la boca.
A la mitad del búho, el tic tac atrapado en mi desnudez, los  grises mensajeros
en los colmillos de la penumbra.
Sobre la mesita de noche, las colillas apiladas todavía como ladrillos de barro.
El índigo del frío se desvanece en la medida en que se llenan  todos los huecos
de la página: galopa o vuela, —según sea el caso—, el tren de la infancia.
Como sepultura o nicho, después, el poema escrito en la esquina del aliento.
En la otra parte del sollozo, el silencio iluminado de las sombras…
Barataria, 2016

sábado, 13 de febrero de 2016

DISTANCIAS CIEGAS

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DISTANCIAS CIEGAS




Hemos hecho del tiempo distancias ciegas y rincones donde no cabe la lumbre 
de la eternidad, sino la mueca hendida de las mochetas, o ese fragmento
de soledad que siempre llevamos dentro como la habitación del espejismo.
Frente a nuestros ojos la sombra despiadada de la noche, el sinfín sin ninguna indulgencia, ni bandera. Sólo la breña derramada de la sed.
Desde el umbral, la tapicería del horizonte y los trenes, la flama discontinua
del juelgo, aquellos tantos desatinos sobre los adoquines.
He roto calendarios y mordido los barrotes de las tormentas y pulverizado
el pálpito y lamido los grifos envejecidos de la sed: he visto personajes maquillados 
y carpinterías donde barnizan ataúdes y escuchado lamentaciones
descoloridas y sin brida.
Dudo, —ya roto de aliento— alcanzar una distancia sin moscas.
En mis fotografías aparece inclinado el tiempo y en coro de ceniza las ventanas.
En el otro extremo indefinido de las semanas uno ignora si son baldosas
o tumbas las que esperan por la boca.
Por eso no me fío de la almohada, ni del azogue de las fábulas.
Siempre hay algo que lo alcanza a uno y lo aniquila: las paredes son implacables
y extrañas y juegan a invadir nuestros párpados.
(Sólo veo magma y paranoias: el aullido de un tragaluz en el inconsciente;
debajo del follaje sediento, la diadema del aliento resume el destino
de la conciencia, el río semejante a los ojos que se extravían sin explicaciones.)
Alguien pide una rosa de pájaros sobre el libro de lectura del alba…
Barataria, 2016

jueves, 11 de febrero de 2016

RECUENTO DEL EXTRAVÍO

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RECUENTO DEL EXTRAVÍO




Hay un lugar de la memoria en donde estás: días, ojos, espejos, catecismos.
Todo ha cambiado su forma, no la esencia. No la embriaguez, sí el horóscopo.
Fundimos cuerpo y voz y sombras. Vivimos y huimos y sobrepasamos
el asombro: reíamos hasta que el extravío dejó de parecernos simple juego.
Ahora en la hojarasca repetida de los días, ciega la soledad del susurro.
El gallo que nos despertada dejó su pico colgado de la pared del horizonte.
A la vieja armónica del olvido le quiero cubrir el cuerpo de la irrealidad;
morderle el aliento hasta dilatar la zozobra, quitarle el cuentagotas
de la ebriedad de mis zapatos.
¿Qué conservo, extinguidos los trenes y el mar perdido en mi travesía?
(Hoy la tierra es salobre junto con sus muertos. Son así los mendrugos
y las hambres embalsamadas, la tinta sobre el delirio empobrecido del huerto.
Son así las estaciones donde se ha construido el miedo.
Son así las revelaciones obligadas de la historia en nuestras costillas.)
En realidad, siempre dudé de la honorabilidad de lo eterno: toda historia nunca
es, sino en su tránsito: allí se nos revela. Ahora sé que la falsedad no puede ser rescatable; ni la fosforescencia, silenciosa; ni la torpeza de sábanas al oído.
¡Cuánto dejamos de ser al no degollar la ficción, o los múltiples insomnios!
—Vos y mis equívocos. Yo, y los tuyos.
Al hurgar en las sombras, me doy cuenta que nunca salí de ellas.
Trato de ser equilibrista de mi propia respiración en este tiempo desunido.
Barataria, 2016

martes, 9 de febrero de 2016

ESPEJOS INDEFINIDOS

Imagen cogida de mitosyreincidencias.blogspot.com




ESPEJOS INDEFINIDOS




Los espejos debajo de las baldosas del viento, son hasta los ojos de la muerte.
Discurre esta sombra muda de los féretros al punto de morder el yute
de la noche y su herida destejida de olvidos.
Salta el musgo quebrado del tizne sobre los puertos grises que habitan
la memoria, o los zapatos: nunca entre las manos, es posible transparentar
la niebla, o las aguas que nos llueven desde el brocal de los pañuelos.
A cada rato nos convoca la perspectiva de la lejanía.
Esta forma grave de lo indefinido, como lección,  se torna oscura
y errática, como las úlceras que produce el insomnio, en su gota de ahogo.
Siempre me deslumbra el espejo errático de la ciudad, las uñas del smog,
los travesaños del grito que espumean en la boca, la furia del pájaro que golpea
las semanas con los minutos de trituración de ataúdes.
En las estrías de los aves marías y padres nuestros, las sombras confusas
de los labios y el pez en la mutación del espejo: en cada relámpago uno hace
recuento de la lluvia y de las sábanas gastadas de la desesperación.
Tantas rodillas en el paisaje del granito y en las mesas devastadas.
Tantos cuerpos manchados de pálidas alegorías y persianas.
(Nada mitiga esta página gris de la domesticidad, la conciencia agolpada
en la ropa sucia, los repentinos espejos de oscuridad.
Las esquinas son como un largo susurro de miedos: sólo espectros acechando
con hedor a antro y asedio. La boca sorbe estos días de cerradas ventanas.)
Barataria, 2016

miércoles, 3 de febrero de 2016

DESNUDOS PRÓFUGOS

Imagen cogida de davidtovilla.blogspot.com




DESNUDOS PRÓFUGOS




Nos hundimos en el fermento fúnebre de las desnudez: prófugos los pájaros
de barro de las luciérnagas, ardido el cadáver verde de los pantanos.
Ante el pálpito rasgado del aliento, surge el gemido lacerado de los poros,
y los senos suspendidos como un solo océano en mis pupilas.
Como un árbol desmochado, el mediodía y su deflagración en los costados.
Hoy recogemos el clamor de las aguas y esa actitud del imaginario de las calles.
Ningún desvelo agota todas las semanas que retumban en tu desnudez.
En la fontanería del ahogo, le robamos el aire a los calcañales:
mordemos la bocacalle de la letra y esparcimos la breña alrededor de la noche.
La piel toca el hambre de las cobijas, mientras la esperma resbala en arrebato
orgásmico, sobre el alba del poema.
Uno puede copular en las diferentes esquinas de las cerraduras, en el portal
del paladar y luego desnudarse en retrospectiva, como un rastro, o rasguño
de los sueños. Uno puede desnudar la ternura y detenerse a mirar las ventanas.
Uno puede morder momentáneamente el absurdo de la felicidad, dolerse
del asfalto, amarrar los cataclismos en otra parte.
Así se evitan, —después de la intoxicación—, los dolores de cabeza; con todo,
uno sigue siendo el tiempo empapado de memoria, el después del antes
del hambre, el presente continuo de la almohada.
“Dijérase que fuese para las sombras la lengua en sus discursos de libertad.”
Sí, el espejo sin diques, este absurdo siempre del trasiego, el oficio del fuego.
Barataria, 16.I.2016

lunes, 1 de febrero de 2016

ESQUINA DE LA IMPUDICIA

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ESQUINA DE LA IMPUDICIA




Baila sin ninguna frontera y devora hasta los rincones deshabitados de la saliva.
Jamás se cansa del vómito, mucho menos de los prostíbulos: sobre las sienes
se agolpan los vados, las ojeras violentas y agonizantes, las monedas desmedidas 
del aliento,  la voz de grietas que va dejando la orina al filo del ojo
o al paso nuestro. (Uno no puede negar la crueldad con la que nos devuelven
las palabras, los ungüentos, la farsa, el tiempo que nos empapa de uñas,
o arrugas. Donde quiera nos cunde la almohada del asfalto.
Afuera, abunda el supermercado de las trivialidades y los deseos)…
Es fiero el abrazo desnudo frente a la luz: negro de mar el ojo descendido.
En cada máscara queda la mucosa impregnada de existencias irreales: terrible
el lugar donde desembocan las aguas negras de la metástasis,
las imperiosas lluvias precipitadas sobre cada perímetro de las puertas
del absurdo. Duele esta memoria forjada a través del desamparo y la ropa sucia.
En la sal orillada de los costados, sube la polvareda del tiempo y su puño.
Por cada centímetro de geografía la pelambre entre las aguas disueltas,
del pedrusco, del centelleo y la tormenta.
Nadie se inmuta, o una manera de hacerlo es elevando a cáncer el silencio;
al otro lado de la calle también se superponen las obscenidades del viento.
Uno sabe que morir, además, es otra forma de rebelarse, una especie de ajustar
cuentas ante el germen avieso que nos deja este mundo de moscardones.
En todo hay rastros,  no se necesita ser profeta para entender estos juegos…
Barataria, 14.I.2016